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El bosque animado

El concejo tiene potencial para crecer vinculando su actividad económica al parque natural de Redes y sus posibilidades

 
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Fermín RODRÍGUEZ /

Rafael MENÉNDEZ

Caso es un territorio extremo. Por su situación y accesibilidad secular. Por ser extremadamente agreste, extremadamente pendiente y boscoso. De aguas abundantes por nacer en un extremo, y converger en la gran cuenca cerrada y arrugada que es el concejo, compuesto por parroquias de pueblos extremadamente integrados en un paisaje de gran atractivo. Por estar en un extremo de la ciudad, a la que aporta recursos naturales y de la que debe obtener mayor integración y actividad.

Ser casín es un título. Significó hasta ahora algo. Diferenció a ciertos asturianos, como los habitantes de una de las teselas del mosaico que compone el país astur. Gentes vaqueras, acostumbradas a vencer la necesidad con la trashumancia, siguiendo el ciclo solar y «emponiendo» el ganado hacia los mejores pastos. «La ciencia del vaqueru ye que el ganado coma bien». Gente del trato y de la madera. De la emigración temporal a Castilla o allende la mar océana. Montañeses que a costa de muchos afanes diarios adaptaron la dura montaña, hoy protegida bajo marca, el parque natural de Redes, quizás uno de los de mayor belleza paisajística de España. Que hoy, cuando el país encoge, aparece situado al lado de la gran ciudad, del área metropolitana, a la que proporciona agua y un gran parque de alta montaña atlántica. Aguas abundantes, recogidas en Tanes para la ciudad, que bajan de las numerosas sierras que compartimentan y complican el relieve hasta el límite: Mermeya, Cortegueru, Porrones de Monéu, Mongayu, Cordal de Ponga, Pandemules, Xiblaniella. Mucha montaña, y en ella los más extensos bosques del país, los majestuosos hayedos atlánticos, reservorio de vida natural y de tradición rural.
Son caros los espacios llanos, limitados a las estrechas vegas del Nalón, ocupadas en buena parte por el gran embalse metropolitano de Tanes. Coballes, Campo de Caso, Soto, Bezanes, Pendones ajustan su caserío en torno a ellas. También en el valle de Orlé y en la cabecera del río La Marea, que abrió el camino tradicional hacia Infiesto. Otros pueblos más pequeños se atan a las laderas: Gobezanes, Nieves, Caleao, La Felguerina, El Tozu. Sólo Tarna busca el frente de Cordillera, y en ella los tarninos administraron los pastos altos y el trato comercial con la Meseta. En Tarna quedan las huellas de la guerra civil en forma de caserío extremadamente ordenado, para tratarse de una aldea de montaña.
Caso ha sabido rentabilizar sus expectativas de futuro, que viene ligado al aprovechamiento de los recursos naturales y a la conservación del paisaje. Quizá por ello, y a pesar de no tener villa, aguanta en el umbral de los 2.000 habitantes y sus pueblos tienden a mantener sus efectivos. Es residencia habitual o temporal, que ata a sus hijos por muy lejos que se encuentren. Por todo ello es especialmente interesante el análisis de lo que aquí pasa.

¿Qué está pasando en Caso? Pues que tiene hoy pocos habitantes menos que hace diez años, incluso que hace veinte. O, lo que es lo mismo, que sus vecinos mantienen su empadronamiento aquí. Aumenta su población la capital, Campo de Caso, hasta los 400 habitantes, en sus tres núcleos. Aumentan o se mantienen también Tanes, Orlé, La Felguerina, Caleao, Sobrecastiello. Descienden algo Coballes, El Tozu, Bueres y Tanes. Son pueblos atractivos, integrados en el gran paisaje, comunicados hoy por la mejoría de la carretera hasta la capital. Pero sin olvidar que están en un fondo de saco, a la espera de la mejora de la carretera de Tarna y el arreglo sensible de la magnífica carretera de parque de la collada de Arnicio.

Caso y Sobrescobio son un mundo, cerrado sobre sí mismo, en la cuenca alta del Nalón, separada por los escobios del valle medio urbano, minero e industrial. La baja natalidad y el envejecimiento han dado paso a una baja actividad, general en el valle. Y como corresponde a un concejo rural, sin villa pero con expectativas, aparece la tradicional biespecialización, ganadería-servicios. 226 empleos en la ganadería de montaña para la producción cárnica de calidad, no suficientemente valorada aún en los mercados urbanos. El número de explotaciones supera las 200 y el ganado vacuno, de la misma manera que en la mayor parte de la Asturias montañosa, ha aumentado en los últimos diez años. Más de 5.200 cabezas y un descenso progresivo de los ganados menores, que tuvieron importancia en otro tiempo.

Un sector terciario en crecimiento da empleo a 154 personas, con el turismo, el pequeño comercio y la artesanía tirando hacia arriba, a través de su vinculación a la marca de calidad del parque. Un número significativo de establecimientos hoteleros dan cuenta del progreso de la actividad en muy pocos años, que lucha por hacerse un hueco en el cada vez más lleno, diverso y competitivo mercado del turismo rural, en el que hay que diferenciarse, identificar la oferta y las marcas de calidad para crecer. Treinta empleos en la construcción y 11 industriales completan la población activa.

Hay potencial para crecer. La cercanía a la ciudad debe ser determinante, si se concluye la adecuación de las carreteras y los planes de telecomunicaciones, aprovechando la aplicación de los impagables fondos de la minería. Si se consolida Campo de Caso como centro de servicios, con el objetivo de convertirse en una pequeña villa de enorme atractivo residencial. Si se vincula la actividad económica con el parque natural y sus posibilidades compatibles. Si se encuentran vías para poner en conocimiento de los mercados urbanos los caracteres del territorio, y sus posibilidades para la observación del paisaje y de la vida que en él hay. Si se mantiene la ganadería de calidad como referencia de primer orden. Si se rompe el fondo de saco y la incomunicación entre las dos vertientes de la Cordillera, con dos paisajes tan atractivos como el alto del Nalón y la comarca de Riaño.

Caso puede ser un ejemplo terminado de las posibilidades de futuro de la montaña asturiana como elemento vivo del complejo organismo regional. Sobre todo para territorios más alejados y con más problemas de aislamiento. Un factor puede hacer imposible esto: la natalidad. Si no hay una recuperación efectiva de la natalidad regional se ennegrece cualquier posibilidad de futuro vital para estos territorios. Y la solución no puede depender en exclusiva de la posible llegada de inmigrantes.

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