Oviedo,
Azahara VILLACORTA
«Cuidado con las piernas, que estás en primera fila». A pesar de la advertencia del equipo de campaña, la candidata a la Alcaldía de Oviedo, Paloma Sainz, eligió un vestido ceñido de estampado floral por debajo de la rodilla con un objetivo bien estudiado: Gabino de Lorenzo. «Mirad cómo vengo vestida», exhortó a los socialistas reunidos en Vallobín tras confiarles que tenía «un subidón». «Es hora -dijo- de que desaparezca de Oviedo este olor a rancio y antiguo para que entre la primavera. De Lorenzo está caduco» y «ya le toca la jubilación», aseguró. Después, le retó: «Le propongo un debate en el lugar que él quiera, con el formato que él quiera y con los temas que él elija». «Se lo debe -afirmó- a la ciudadanía».
«Nosotros tenemos un proyecto de futuro que resistirá cualquier comparación», leyó de los folios que estudiaba con nervios minutos antes, mientras cruzaba y descruzaba con recato las piernas advertidas. «Os pido que seáis mis colaboradores, casi mis comerciales», reclamó. «Llegaremos a ser como un tsunami de energía positiva para esta ciudad. Somos lo mismo Zapatero, Tini y yo». Y para esa ciudad que aspira a gobernar ofreció «un proyecto de cambio radical que no vaya en función del humor del Alcalde».
«¡Guapa!», gritaron desde las gradas, donde la escuchaban su marido, su hija, su hijo y su suegra, que enarbolaba una bandera con devoción. Y luego negó «la repetición cansina de la teoría del cerco a Oviedo» esgrimida por los populares para denunciar la «escasez» de inversiones de los gobiernos central y autonómico en la capital: «Es tan falsa como la teoría de la conspiración del 11-M. Aquí el único ácido bórico que hay es la falta de ideas».
Sainz, besos al aire y mano al pecho, se convirtió en la más aplaudida de un acto en el que todos los líderes socialistas aludieron en sus intervenciones a la elevada presencia femenina en sus listas. Ella ocupó lugar central en el estrado junto a la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, y la candidata a la Alcaldía de Avilés, Pilar Varela, que casi declamó: «No es ninguna casualidad que yo sea mujer. En esto de la ley de Igualdad hay quienes predican con la boca pequeña, y hay otros que la aplican: nosotros y nosotras».
Con ellas en las tres ciudades clave se eleva a trece el número de mujeres que optan al sillón municipal, mientras que en la lista autonómica hay once candidatas a diputadas regionales. «Cómo me iba a imaginar yo, curtida y veterana feminista, que iba a pasar esto en 2007», empezó su discurso Felgueroso. Y pasó al ataque frontal a la candidata del PP a la Alcaldía gijonesa, Pilar Fernández Pardo: «Es el momento de que explique cómo va a aspirar a gobernar Gijón -exigió si no ha sabido gobernar un equipo de once concejales. Les ha condenado al ostracismo, amordazándolos como una dictadora. ¿Sabéis quién es el siguiente en la lista? El señor Madiedo. ¿Os suena? Acusado de acosador, condenado. Ése es el que podría entrar en el Ayuntamiento de Gijón».
Tampoco José Blanco estuvo ayer muy primaveral: «Algunos eran muy aficionados a las mujeres en esta tierra. Incluso los que estaban en contra del divorcio. Pero las querían para otras cosas», afirmó en lo que fue interpretado como una alusión a Álvarez-Cascos. Intentó arreglarlo con «no tengo duda de que Pilar va a ser la próxima alcaldesa de Avilés». Y «vamos a dar la sorpresa en Oviedo con Paloma, que tiene la mirada clara y las manos limpias». Tarde.