Texto: E. Lagar
Fotos: Miki López
Los coches pasan y no dejan de pasar por delante del puente «romano» de Cangas de Onís. Un municipal se hace cien brazos para dar paso o quitarlo. Los turistas, chancleteros y sandaliosos, moreninos todos, disparan y disparan sus cámaras: se retratan centenares de novios abrazados, familias felices, amigos para siempre con el puente de escenario o saludando desde lo más alto, con la réplica de la Cruz de la Victoria colgándoles bajo los pies.
Tal es el intenso trasiego a la entrada de Cangas de Onís. Pero en el vecino concejo de Amieva, a sólo diez kilómetros de ese epicentro turístico, desaparece por ensalmo tanto estrés vacacional. Quedan hermosos valles tocados por el despoblamiento, ritmo ganadero, motos o maquinaria obsoleta arrumbada bajo los hórreos, la caliza asomando en lo alto y el Sella bajando encajonado por la carretera del Pontón. Belleza astur, relax en boina. Félix Alonso, propietario de la tienda bar Casa Chili y de un coqueto núcleo de turismo rural en Sames, la capital de Amieva, explica por qué:
-Es lo primero que nos preguntan cuantos se alojan en Amieva: ¿aquí por qué no hay gente, con lo cerca que estáis de Cangas de Onís? Pues porque el flujo turístico va de Cangas de Onís a Cabrales. Es así.
En efecto, Amieva vive casi ajena a este torrente que llena las cajas registradoras en Cangas de Onís y en el resto del «circuito turístico oficial» del oriente interior, aunque en este agosto todos se están preguntando qué ocurre, por qué el dinero fluye menos. Repiten la respuesta: «Subieron las hipotecas». Tal parece que Amieva no esté en el parque de los Picos de Europa, aunque su alcalde, el socialista Ángel García, insiste en que «los Picos son de todos y Amieva tiene una parte importante de ellos». No obstante, García reconoce que «la influencia de Covadonga es grande. El 80 por ciento de la gente va a Covadonga, no a los Picos».
Amieva no carece precisamente de atractivos paisajísticos para atraer al visitante ansioso de verde y montaña -el valle de Angón, sólo un ejemplo, es una delicia-, pero el turismo apenas representa el 5 por ciento del empleo en un concejo donde la actividad ganadera sigue sosteniendo el 54,6 por ciento de los trabajos y la única industria es la explotación eléctrica de los saltos del Dobra (16 empleos).
El concejo, con 200 plazas de alojamiento, echa a andar en un sector donde sus vecinos cangueses ya son maestros consumados. «Aquí vivimos de la segunda visita del turista al Oriente o, bien, de aquel visitante que huye de la cantidad de gente que hay en Cangas en verano», precisa Juan Carlos Valdés, presidente de la asociación de empresarios turísticos Alto Sella, con pocos meses de andadura. Y añade: «Nos separan diez kilómetros de Cangas de Onís, pero son diez kilómetros a ningún sitio».
Con esta última reflexión, Juan Carlos Valdés alude a la situación de la carretera nacional 625 por el puerto del Pontón, que cruza Amieva y Ponga serpenteando a través del desfiladero de los Beyos. Es uno de los trayectos en coche con paisajes más fascinantes de Asturias -«De Europa», enfatiza el Alcalde-, pero no es precisamente una vía de alta capacidad.
La mejora de la carretera nacional que abre el oriente de Asturias hacia la Meseta es una demanda de la Corporación de Amieva desde hace más de una década. «Y no sólo es importante para nosotros, es importante para toda la comarca», matiza el regidor, que además preside la mancomunidad oriental. «La N-625 es una vía muy importante para las dos vertientes, Asturias y León. Es un eje de comunicación y turístico muy destacado». A finales del pasado año, el Ministerio de Fomento hizo una mejora de cunetas y añadió otra capa de firme. «Hasta entonces, no se habían gastado ni un duro en conservación», añade Ángel García, quien califica de «inconcebible» que durante el Gobierno popular en Madrid se efectuara una reforma sólo hasta el límite con Asturias.
De todas formas, el reciente arreglo de la nacional no satisface por completo las demandas de un concejo que aspira a una mejora del trazado. «Nosotros no demandamos una autopista», advierte García. Los planes del Ministerio, en cuya «lista de espera» se encuentra el arreglo de la salida por el Pontón, apuntan a la construcción de una «carretera verde» que atienda tanto a los beneficios para el conductor como a la preservación de los valores paisajísticos de una carretera excavada en tan angosto desfiladero. Probablemente exigirá voladizos sobre el río y una ingeniería «ecologista» -al estilo de la carretera entre Cabrales y Panes- que no resultará precisamente barata. Por eso, y por el nivel de tráfico que ahora sostiene, hay quien desconfía del interés que la Administración estatal pondrá en su mejora.
Pontones aparte, Amieva es un concejo «arreglado», cuya red de carreteras interiores sorprende por su calidad. Aunque tiene grandes atractivos para los senderistas, como la Senda del Arcediano, resulta un municipio perfecto para aquellos que deseen salirse de la nacional y recorrerlo en coche. Se puede hacer un circuito por todos los pueblos y pasar de un valle a otro dejándose sorprender por el paisaje.
Pero todo esto son gozosas visiones de turista. Lo cierto es que Amieva, como la mayoría de concejos del medio rural asturiano, también ha entrado en este nuevo siglo seriamente infectado por el virus del despoblamiento. El municipio, uno de los menos poblados de la región, cuenta con 850 habitantes, sólo el 30 por ciento de los vecinos que tenía al comenzar el siglo XX, y está en el grupo de los veinte ayuntamientos más envejecidos de Asturias. Por ello, su principal objetivo es el de fijar población.
Y, junto a la promoción de las actividades turísticas, la vía que en los últimos años ha tomado Amieva es la de generar actividades en el sector agroalimentario. El municipio cuenta con tres queserías dedicadas a la producción de queso de los Beyos y una más en proyecto. Fue el concejo donde se abrió, en el pueblo de Cirieño, la primera quesería con todas las bendiciones de las autoridades sanitarias para comercializar piezas etiquetadas. El Ayuntamiento, a través de un taller de empleo, también impulsó la creación de la tercera quesería en abrirse, en el pueblo de Carbes, que surgió de dos alumnas que participaron en los cursos. La futura obtención de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) de un queso que Amieva comparte con Ponga y con el municipio leonés de Sajambre se ve como un nuevo aliciente para impulsar la comercialización de este derivado lácteo.
Además, el concejo quiere profundizar por esa vía de la agroalimentación y tiene en proyecto la construcción de un centro para albergar cinco empresas dedicadas a estos menesteres, que se levantará en Vega de Sebarga, tendrá un diseño adecuado con el entorno y contará con una tienda donde comercializar los productos fabricados. Además, el Ayuntamiento acometerá la construcción de unas instalaciones para una explotación de cabras con destino a la producción láctea que se destinaría al queso de los Beyos. Si la experiencia cuaja, permitiría incluso obtener una denominación de origen. La idea del Alcalde es otorgar la concesión por cinco años para facilitar la incorporación a esta actividad ganadera -la cría de cabras y ovejas se desplomó en los últimos ochos años- a un joven del municipio.
«Es muy importante que no perdamos la ganadería», insiste Juan Carlos Valdés, presidente de la asociación de empresarios turísticos, donde también están integrados productores de quesos ya que su producto se ha convertido en un importante recuerdo turístico y su consumo se dispara en verano. «Tenemos que conservar la ganadería. De lo contrario, todo se echa a monte, se acabaron los praos. Y también porque los turistas lo demandan, quieren ver vacas, gallinas...».
Amieva tiene en sus productos y su paisaje un potencial de futuro. Incluso para atraer nuevos pobladores. Tal es el caso de María Jesús García-Rojo y de su marido, que abrieron recientemente el hotel rural La Casona de Sames. Dejaron sus trabajos en Madrid y ahora han encontrado justo la vida que buscaban. «No sabes lo que significa no tener que estar mirando a tu espalda por ver si te atracan», comenta María Jesús en alusión al estrés que vivía en la capital de España. Ella, como todos, también se ha percatado de la diferencia de «temperatura turística» entre Cangas de Onís y Amieva. Y eso le entusiasma. «En cuanto pasas Caño esto es otra vida». Amieva, otra vida.