Oviedo, L. Á. V.
La decisión del juez de vigilancia penitenciaria de León de dejar en libertad a Andrés Mayo Fernández, a finales de 2002, tuvo algunas consecuencias que se desconocían hasta ahora. Tras enterarse por los medios de comunicación de que el violador iba a estar de nuevo en la calle, algunas de sus víctimas sufrieron tal ataque de pánico que decidieron cambiar inmediatamente de domicilio.
El miedo a que Andrés Mayo, que conocía perfectamente donde vivían sus víctimas, pudiese volver a atacarlas pudo más que la confianza en las fuerzas de seguridad, encargadas de hacer cumplir la orden que obligaba al agresor a no volver a acercarse a León y Oviedo, los escenarios en los que se produjeron las once agresiones de 1989 y 1990.
Ahora volverán a revivir toda la crudeza de los ataques perpetrados por Mayo, algunos muy violentos, según señalan las asociaciones de víctimas. «Algunas de estas mujeres lo volverán a pasar fatal», aseguró Argentina Pereira. La detención y el juicio que se avecina por las agresiones de La Coruña serán una tortura para unas mujeres que habían dejado atrás lo ocurrido después de 17 años, en los que algunas precisaron incluso de ayuda psiquiátrica para superar el trauma. Toda una victoria para el criminal.