Oviedo, L. Á. VEGA
Lo esperaban y al final se cumplieron sus temores. La detención de Andrés Mayo Fernández en La Coruña, imputado por ocho agresiones sexuales cometidas entre diciembre y junio pasados, no ha cogido por sorpresa a las asociaciones de víctimas. «Es lamentable que otras ocho mujeres hayan tenido que pasar por lo que sufrieron las once a las que atacó en 1989 y 1990», señaló Argentina Pereira, presidenta de la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos, con sede en Gijón.
«Era algo de esperar, ya se lo dijimos a su abogado cuando nos pidió apoyo para que se le concediese el indulto», reveló Pereira. Y es que, según la presidenta de la asociación, «Andrés Mayo es un violador compulsivo, irrecuperable, da igual que se portase bien en la cárcel, que realizase varios cursos para agresores sexuales o que anunciase que iba a casarse y que se arrepentía de lo que había hecho». En cuanto saliese, volvería a agredir a una mujer.
Es lo que finalmente ha ocurrido, aunque han tenido que pasar cinco años -que se sepa- para que volviese a las andadas. Mayo trabajaba en La Coruña en una empresa de la construcción. Según la Policía gallega, los días de fiesta, o la víspera, daba rienda suelta a sus bajas pasiones.
Aprovechando la poca iluminación de algunas calles, seguía a mujeres solas -de entre veinte y treinta años- hasta el portal de su casa. Cuando abrían la puerta saltaba sobre ellas y les tapaba la boca, arrinconándolas con su metro ochenta de estatura y su corpulencia. El paso por la cárcel no le convirtió en un guiñapo y -como pudieron apreciar quienes le vieron el sábado a su salida de los Juzgados de La Coruña, camino de la cárcel- está musculado y fuerte. Sus víctimas tuvieron pocas posibilidades de huir, pero afortunadamente sólo pudo consumar dos de las ocho agresiones.
Algo parecido ocurrió con las once de hace tres lustros. Sólo pudo consumar cuatro. La última de las agresiones, en Oviedo, fue la más violenta, según aseguró Argentina Pereira. «La joven a la que quería violar pensó que podría con él y ofreció una dura resistencia», añadió. Fue lo que la salvó a ella y a las mujeres que había seguido violando si no se le detiene ese mismo día, 5 de octubre de 1990, gracias a la colaboración ciudadana. «Fue además la agresión que le valió más años de cárcel», aseguró Pereira. Sirvió de poco, puesto que los beneficios penitenciarios del antiguo Código Penal, sumados a la concesión del tercer grado a los tres cuartos de condena, le permitieron salir a la calle tras cumplir tan sólo 12 de los 106 años de cárcel a los que había sido condenado por la Audiencia Provincial de León, a finales de 1991.
La situación de los jueces
En la capital leonesa, la noticia de la detención de Andrés Mayo por ocho nuevas agresiones ha caído como una bomba. La Asociación de Víctimas de Agresiones Sexuales (ADAVAS) manifestó, a través de su abogada, Herminia Suárez, su «indignación, dolor y repulsión». Se trata de la misma abogada que hace 16 años se enfrentó al violador en los tribunales, como acusadora particular.
«Nuestra sensación es de perplejidad y repugnancia y nos podemos imaginar el estado en el que están las víctimas», manifestó la letrada. La asociación siempre consideró «impropia» la liberación de Mayo de la prisión provincial de Mansilla de las Mulas (León), tras su participación en un programa de reinserción para violadores. «No se tuvo en cuenta que era un violador sistemático y no se puede juzgar de igual modo a un individuo que comete tantos hechos que a otro que comete un hecho aislado», argumentó Suárez. También criticó la decisión de la Junta de Tratamiento y la posterior decisión del juez de vigilancia penitenciaria de permitir la salida de la cárcel de Mayo antes del cumplimiento de su condena. «Allá ellos con su responsabilidad, aunque, supongo, que ahora mismo estarán en una situación muy poco agradable», aseguró.