Oviedo, I. R.
Lucía en la solapa de su chaqueta su flamante condecoración -cruz al Mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco- y aun así sus ojos no podían contener las lágrimas. Luis Rodríguez Fernández, ingeniero técnico informático, 29 años, vecino de Pola de Laviana, participó el año pasado en el rescate de un hombre y su hijo que habían caído al mar en Luanco, poniendo en grave riesgo su vida. La Guardia Civil reconoció ayer su valentía. Pero él no podía dejar de llorar.
El niño murió. Llegó con vida al hospital, pero falleció al día siguiente. El padre logró sobrevivir. Luis fue el primero en alcanzarlos y no dudó en intentar ayudarlos, a pesar de que el mar estaba agitada y «soplaba mucho Nordeste».
Él atribuye el mérito a los dos agentes que, como él, se arrojaron al agua. «Se tiraron sin pensarlo», dice. «Si yo hubiera llegado antes»... repite, sin dejar de pensar en el niño fallecido. La Guardia Civil destacó su «valor, serenidad, entrega y humanidad» porque no dudó en arriesgar su vida para intentar salvar la de otros, «de forma decidida y decisiva».
Aquel día, Luis estaba «cogiendo olas (con un bodyboard), cuando vi a unas chicas que me hacían señas. Fui remando hasta allí y entonces me imaginé que algo había pasado. Vi a un señor de unos 50 años, manteniéndose boca arriba». Poco después vio al niño. El pequeño fue el primero en ser rescatado -después logró sacarse del agua al padre-, pero los médicos no pudieron hacer nada por salvarlo.
Finalizado el acto, el coronel Santos se acercó personalmente a estrechar la mano a Luis. El jefe de la Guardia Civil le dio unas sinceras «gracias», que de nuevo arrancaron las lágrimas al joven.