carlos martínez gorriarán
Fundador de ¡Basta Ya! y de UPyD
 

«ETA ofreció una tregua porque estaba contra las cuerdas y Zapatero cayó en la trampa»

«Hay que regresar a la sensatez: un pacto de Estado contra el terrorismo»

 
Carlos Martínez Gorriarán.
Carlos Martínez Gorriarán. maite garcía

Oviedo, E. URQUIOLA

Carlos Martínez Gorriarán, fundador de la asociación antiterrorista ¡Basta Ya!, presentó el viernes en Oviedo su libro «Movimientos cívicos. De la calle al Parlamento». Una obra que comenzó con el objetivo de relatar sus experiencias en cuanto a la conformación de movimientos cívicos y que, según sus palabras, «terminó convirtiéndose en parte de la historia de UPyD». En el acto, celebrado en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, también participaron Remedios Zapico Nava, profesora de Sociología de la UNED, María Luisa López González, profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Oviedo, e Ignacio Prendes, portavoz de UPyD en Asturias.


-Para muchos fue una sorpresa que UPyD ganase un escaño en las pasadas elecciones.


-Se lo esperaba muy poca gente, no se lo creía casi nadie, porque todos los analistas decían que era imposible. Pero nosotros creíamos que lo era, y lo hemos demostrado. Si nosotros no hubiéramos creído que había una demanda de un partido diferente, no nos hubiésemos metido en este asunto.


-¿Fue un voto repartido?


-Sí. Evidentemente, hemos conseguido más votos en Madrid, salimos con unas cotas de 150.000 votos, pero también unos 160.000 en el resto de España. Tenemos un voto básicamente urbano, de gente profesional, de clase media y de jóvenes. Pensamos que es un comienzo muy bueno y que aumentará a la vez que nosotros incorporemos a más corrientes sociales o grupos de gente que esté disconforme con la marcha de la política actual en España, que eso es lo que queremos hacer, la regeneración democrática.


-ETA ha vuelto a matar: el guardia civil Juan Manuel Piñuel Villalón en un atentado en el que resultaron heridos cuatro agentes.


-Este atentado demuestra que matar es muy fácil cuando se desea. Esto es lo que ETA hace y punto. Eso es el terrorismo. Lo lamentable es que se ha puesto sobre la mesa, de nuevo, que la política antiterrorista del anterior Gobierno de Zapatero fue una calamidad, que no sirvió para nada porque se basaba en una ficción: la suposición de que ETA tenía intención de dejarlo. Cosa que es evidentemente falsa y mejor demostración que ésta no pudo tener. Lo que esperamos es que haya un regreso a la sensatez y regreso a la sensatez es un pacto de Estado contra el terrorismo; lo único que le ha hecho daño a ETA, de verdad en estos treinta años, fue el pacto antiterrorista. Si ETA ofreció una tregua fue porque estaba contra las cuerdas y, lamentablemente, Zapatero cayó en la trampa.


-¿Se pudo rearmar ETA durante la tregua?


-Claro. Pensemos en lo que ha ocurrido con ANV, que está en los ayuntamientos vascos y navarros porque el Gobierno lo toleró. Nosotros hemos pedido el cese del fiscal Conde-Pumpido precisamente porque tuvo un informe de la Guardia Civil en donde se demostraba que la actual alcaldesa de Mondragón formaba parte del entramado de ETA y, sin embargo, prefirió mirar para otra parte porque pensaba que esto era bueno para su proceso. ¿Cuál es el resultado? ETA ha vuelto a matar y, además, volvemos a tener otra vez un brazo político suyo en los ayuntamientos. Esto es desastroso porque, además, a la gente la desmoraliza, ya que parece que no sirve para nada movilizarse, que todo da igual y que en cualquier momento el Gobierno volverá a negociar. Además, hace un gran daño al Estado de Derecho, porque parece que en el país las leyes son de goma y se interpretan según le convenga al Gobierno, asunto que no se puede tolerar. Desde UPyD nos referimos a que las leyes se tienen que cumplir por todos y si las leyes no sirven hay que cambiarlas. Lo que no se puede hacer es ilegalizar un partido y luego hacerse el tonto cuando aparece una nueva sigla que es lo mismo.


-¿Cómo puede ETA seguir reclutando a simpatizantes?


-ETA tiene una base social, pequeña, pero existe sin duda alguna. También es un mundo mafioso. La organización terrorista ha creado un mundo alternativo donde la gente que la apoyó, posteriormente, no es libre de dejarlo. Sigue reclutando a jóvenes porque también tiene sus propios tentáculos en el sistema educativo vasco, ya que el nacionalismo moderado jamás ha hecho el menor esfuerzo por aislar a ETA. Critica sus métodos, pero respalda sus fines, y la consecuencia es que para cierta gente, una minoría, ETA es una guerrilla que, según cree, defiende el pueblo vasco y los disparates de este estilo. Hasta que no se afronte con claridad que para acabar con ETA también hay que deslegitimar totalmente sus fines no haremos nada. Hay que entender que los terroristas no quieren pactar ni negociar ningún proyecto, quieren imponer el suyo por la fuerza.


-¿Cuál es el papel de la sociedad para terminar con el terrorismo?


-El fin de ETA está, pero que muy unido, a la mejora de la democracia. Cuando en España haya una democracia de mayor calidad será más exigente con el cumplimiento de las normas, con que las instituciones hagan su trabajo y que la Fiscalía se dedique a lo que tiene que dedicarse: no ayudar al Gobierno, sino a que se apliquen las leyes. En ese momento entrará en proceso de extinción. ETA está muy tocada, pero todavía le puede quedar cuerda para rato. Por ejemplo, cuando el lendakari Ibarretxe dice que «estamos todos hartos de ETA», pero también «estamos hartos de que no nos pongamos de acuerdo», aparte de la grave inmoralidad en esta declaración, el problema es que está dando cuerda a los terroristas. Cuando tengamos una democracia de más calidad, que haga imposible que ese tipo de gente ocupe puestos tan importantes, ETA tendrá los días contados.


-¿Qué opina de la postura de María San Gil?


-Es la expresión de que el PP tiene un problema serio y es un problema de proyecto político. No está claro en qué sentido va a evolucionar el PP, en especial en su relación con los nacionalistas, y en ese aspecto hay un sector que, representado por María San Gil, lo ve como un casus belli, como algo imposible para el PP. Así que me parece que no es un problema de personas con mayor o menor autoridad moral, aunque sin duda María tenga mucha, sino como un problema de proyecto político, de qué es lo que quiere el PP. Eso es lo que no está claro y de ahí vienen todos los problemas.

Dursa
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