El indiano que triunfó en Boston

Doña María, viuda de Pedro Gómez Cueto, relata desde La Habana a sus 108 años la apasionante vida del multimillonario emigrante asturiano

 
Doña María, con su ahijado, Elio García, el día de su 108.º cumpleaños.
Doña María, con su ahijado, Elio García, el día de su 108.º cumpleaños. 

La apasionante historia de los emigrantes asturianos jamás terminará de escribirse. Recientemente, LA NUEVA ESPAÑA daba la noticia del 108.º cumpleaños en La Habana de Mary McCarthy, la viuda de un multimillonario español. El multimillonario en cuestión era un emigrante de Cangas de Onís, Pedro Gómez Cueto, nacido el 21 de mayo de 1880, y fallecido en Boston el 19 de junio de 1950. Su fortuna, amasada en buena medida con las ventas del cuero con el que se hicieron las botas de los soldados americanos en la II Guerra Mundial, está bloqueada en Boston.

Oviedo, Ángel FIDALGO

Esta es la historia de Pedro Gómez Cueto, un hasta ahora desconocido emigrante asturiano en La Habana, que se hizo multimillonario durante la última contienda mundial con sus negocios con el Ejército norteamericano.


LA NUEVA ESPAÑA localizó a su viuda, Mary McCarthy -a partir de ahora doña María, que es como se la conoce en La Habana-, en la mansión en la que vive en el barrio diplomático de la capital cubana junto a su ahijado, Elio García. A los 6 años, Elio García se fue a vivir con ella para hacerle compañía. Fue una decisión de sus padres y de su abuelo, Gabriel Sariego, nacido también en Cangas de Onís y amigo de Gómez Cueto.


Con voz clara y sorprendentemente fuerte, doña María repasó telefónicamente para este diario algunos episodios de su vida junto a Gómez Cueto. «Todos los años pasábamos seis meses en España, y una gran parte en Asturias».


En un viejo álbum de fotos repasa instantáneas de sus visitas a Covadonga, a Cangas de Onís y de romerías llenas de trajes de asturianas. En las últimas páginas se pueden ver las fotografías del multitudinario entierro que su marido tuvo en La Habana.


Ésta es la historia del indiano asturiano, según la memoria de doña María. Pedro Gómez Cueto desembarcó en La Habana con sólo 9 años en los inicios del siglo XIX. Sus tíos, que ya estaban establecidos en la isla como comerciantes tabaqueros, le habían pagado el billete para que el niño se pudiera labrar un futuro mejor del que tendría en su Cangas de Onís natal.


Los primeros años trabajó muy duro con sus parientes, que le trataron con dureza, lo que le animó a independizarse rápidamente.


Emprender el vuelo no le fue difícil al despierto Pedro Gómez, ya que los pocos ratos libres que tenía los dedicó a aprender inglés. Fue el dominio de este idioma el que le marcaría su futuro y propiciaría su fortuna. Con un socio americano fundó una empresa de exportación de tabaco a Estados Unidos. El negocio iba viento en popa y el inquieto indiano decidió ampliar horizontes. Vio en el curtido de cuero otra fuente de riqueza.


El volumen de su nueva actividad era tan grande que se animó a abrir una oficina para Estados Unidos en Boston, adonde llegaban sus ganancias, que en poco tiempo hicieron del indiano un notable hombre de negocios. Su estatus le permitió acceder a los círculos sociales más altos de Boston. Se hizo socio de los clubes más selectos, como el Boston Club Golf; frecuentaba los restaurantes de moda, como el aún prestigioso Oak Room, y tenía un palco en la Boston Opera House. En una de sus funciones conoció a Mary McCarthy, una belleza de origen irlandés que había nacido 24 años antes en St. John's (Terranova). Corría el año 1924.


En 1941 Estados Unidos entraba en la II Guerra Mundial. La demanda de curtidos se disparó y el indiano no daba abasto para atender todos los pedidos del Ejército americano. Al finalizar la espantosa contienda era multimillonario.


Ese mismo año, 1945, compró una de las mansiones más emblemáticas de La Habana, que poco antes había albergado el elegante Country Club Park y que llamó «Villa María», en honor a su mujer. Cinco años después, ésta enviudó. La fastuosidad del entierro del acaudalado Gómez Cueto aún se recuerda en La Habana.


Entonces, doña María, elegante y de muy ver, tenía 50 años. Las ofertas amorosas no tardaron en llegarle, incluso dos destacados banqueros de La Habana de origen catalán, los hermanos Gelats, Narciso y Juan, la cortejaron con tanta insistencia como sonoro fracaso. Desde entonces ya pasaron 58 años y la venerable anciana reconoce, con buen juicio, que ya no está en edad casadera. Los restos de Pedro Gómez Cueto descansan en un panteón del cementerio habanero de Colón, y el edificio de la fábrica en la gestó su gran fortuna sigue en la calle Palatino, barrio de El Cerro.

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