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ROBERTO HARTASÁNCHEZ PRESIDENTE DEL FAPAS Oviedo, M. I. S.
LA NUEVA ESPAÑA entrega hoy gratis a sus lectores la séptima lámina de la serie de ocho dedicada «Osos de Asturias». La lámina, que se regala con el ejemplar, muestra a dos crías de oso en Somiedo, que tras pasar el invierno en la osera se lanzan a vivir en el bosque sin su madre. Las lámina octava de la colección se entregará, con el periódico del día, el próximo viernes, día 22.
Uno de los peligros a los que se enfrentarán los oseznos son las trampas y el furtivismo. La población de oso pardo se distribuye en dos poblaciones separadas entre sí y con una notable diferencia poblacional. Por un lado, los osos de la zona occidental, cuya mayor parte se encuentra en el suroccidente de Asturias, que evolucionan de manera muy positiva. No sucede lo mismo con la población oriental, donde en zonas de gran importancia osera como los montes de Riaño ya apenas hay reproducción, o los montes palentinos, donde el número de osas reproductoras parece que no aumenta, pese a los trabajos de conservación. Cada año varios osos aparecen muertos en la parte sur de la cordillera Cantábrica, un hecho que se convierte en un freno para la clara recuperación de la especie, tal como está sucediendo en los territorios del norte de la Cordillera.
Como todas las imágenes que componen la colección, la de esta semana ha sido captada con las cámaras de seguimiento que coloca la organización conservacionista Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS) en lugares estratégicos del bosque. La foto fue tomada en el parque natural de Somiedo.
Los lectores pueden proponer nombres para los osos que aparecen en las láminas que semanalmente entrega LA NUEVA ESPAÑA. Basta con entrar en la edición digital del periódico (www.lne.es) y escribir la propuesta en el apartado correspondiente de la web.
Quienes deseen implicarse más en la conservación de los osos pardos de la cordillera Cantábrica pueden prestar su colaboración mediante una donación económica al FAPAS. Para ello deberán recortar el cupón que aparece en la parte inferior de esta página, cubrirlo y enviarlo a la dirección consignada en el cupón. La organización conservacionista se creó en el año 1982, cuando un grupo de amigos comenzó a realizar actividades para proteger la población de buitres que sobrevivía en los Picos de Europa. A partir de entonces su labor, pegada al terreno, se ha mantenido ininterrumpidamente.
La fotografía que reciben hoy los lectores, tomada en 2008, permite comprobar el estado de las dos crías nacidas en Somiedo durante el año 2007. Ya se han separado de su madre, han pasado el invierno en la osera y aunque todavía hay nieve en la montaña sabemos que ya no hay riesgo para ellas.
Cada año nacen unas treinta crías como éstas en la cordillera Cantábrica, pero no todas consiguen sobrevivir. Son muchos los riesgos que tienen. Algunos mueren de manera natural; otros, de hambre o a causa de la acción del hombre. Por ello, cada vez que los osos salen de sus refugios y podemos comprobar que los oseznos están vivos y en un buen estado de salud es una esperanza más de conseguir que esta especie deje de estar en peligro de extinción.
Cuántas veces hemos escuchado que los osos han sobrevivido en las montañas cantábricas por tratarse de unos territorios de una gran naturalidad que se han salvado de la acción destructora del hombre; pero aunque esto no sea cierto del todo, la realidad es que a pesar de que se han conservado bien, el hombre siempre ha tenido una fuerte influencia. No hace más de 100 años estas montañas donde habita el oso eran también motivo de intensa acción humana. Los bosques, además de ser el refugio de los osos, eran el lugar donde el hombre encontraba madera para construir sus casas, leña para la cocina, árboles para construir madreñas, o recogía las hojas para la cama invernal de las vacas. Y había osos. Tantos que casi en cada pueblo de montaña había un personaje histórico por la cantidad de osos cazados. No parece del todo cierto que el oso sólo pueda sobrevivir si el territorio no está intervenido por el hombre. Estas fotografías de oseznos que sobreviven cada año comienzan a ser habituales en zonas altas, medias y bajas, tanto en los bosques alpinos como en los fondos de valle, a no más de 200 metros. ¿Entonces? ¿Cuál es la clave para conseguir su conservación? Son varias. Quizá la principal es el fuerte apoyo social a la conservación de esta especie. El gran esfuerzo de administraciones públicas e instituciones privadas para luchar contra los graves problemas que la afectaban, principalmente el furtivismo.
Este nacimiento de oseznos es la mejor garantía de conservación de una población que ronda los 150 ejemplares en la cordillera Cantábrica, donde, lamentablemente, no en todos los territorios gozan de la misma situación. Distribuida la población osera en dos grupos, occidental y oriental, en uno, el occidental, donde la mayor parte del territorio lo aporta Asturias, la situación evoluciona favorablemente año a año. El núcleo oriental, con una población de no más de 25 ejemplares, sufre año a año las consecuencias del furtivismo y el veneno. El territorio con menos osos es donde más osos aparecen muertos. No todo está ganado en la conservación del oso pardo.
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