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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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FERNANDO SUÁREZ, MINISTRO DE TRABAJO DEL ÚLTIMO GOBIERNO DE FRANCO La Granda (Gozón),
Amaya P. GIÓN
Fernando Suárez (León, 1933) tiene cada verano en La Granda una cita ineludible. El que fue vicepresidente tercero y ministro de Trabajo en el último Gobierno del general Francisco Franco participa esta semana en el curso sobre Mariano José de Larra que acoge el chalé gozoniego. El veterano político, uno de los protagonistas de la Transición (fue miembro de la ponencia que defendió el proyecto de ley para la Reforma Política), se muestra muy crítico con la clase política actual, en particular, y con el sistema democrático, en general.
-En plena crisis y se rompe la negociación del nuevo pacto social, ¿qué le parece?
-Sostengo desde hace muchos años que las negociaciones entre empresas y trabajadores tienen que tener un marco, y que ese marco lo tiene que establecer el Gobierno. Sólo cabe una regulación precisa. Este afán de legislar lo que previamente ya han acordado las partes me parece antidemocrático porque ahí no estamos representados los ciudadanos que no somos empresarios o trabajadores. El Gobierno tiene que decir con claridad cuál es su actitud ante la crisis. Las decisiones, para ser operativas, tienen que adoptarse en el seno de cada empresa. Hay empresas que están sufriendo terriblemente la crisis y otras que menos. Que las condiciones de trabajo sean las mismas en todas no es operativo.
-Y se ha reabierto el debate de la reforma del mercado laboral y del despido libre...
-El despido libre es una expresión de estrategia del lenguaje impresentable. El despido ya es libre en España. Lo que ocurre es que el despido procedente es gratis y el improcedente es caro. Si hablaran de abaratar los costes del despido procedente estarían mintiendo, porque cuesta dinero.
-¿Qué opina del papel de la oposición?
-La oposición está pendiente del «caso Bárcenas».
-Pues será una decepción para los votantes del Partido Popular, ¿no cree?
-La decepción es para todos los votantes que han renunciado a elegir a sus representantes. A los diputados actuales los nombran los partidos. El votante decide un porcentaje de diputados que nombró cada partido, pero los designados tienen que cumplir las consignas del grupo y no representan al ciudadano libre. Por ejemplo, Esperanza Aguirre dice que quiere votar en contra de la financiación, el partido le responde que se tiene que abstener y ella vota contra su propio criterio. Es una locura, esto nunca ha existido.
-Por cierto, ¿qué opina del nuevo modelo de financiación?
-A nadie le gusta que se negocie sólo con una comunidad autónoma. En el hecho mismo de la negociación hay algo que sorprende: la debe aprobar una ley del Parlamento. El modelo no me gusta, con independencia del resultado. Siempre pensé que la democracia iba a ser otra cosa. Estamos ante la abnegación del parlamentarismo.
-¿Es más grave la crisis política que la económica?
-Estamos ante un modelo de democracia agotado, no da más de sí, y nadie tiene interés de mejorar entre los que podrían hacerlo.
-Su amigo Sabino Fernández Campo considera que la visita del ministro Moratinos a Gibraltar es penosa, ¿y usted?
-Estoy ansioso por hablar con Marcelino Oreja (participa en el curso que se imparte esta semana en La Granda) acerca de Gibraltar. Tiene que haber argumentos a favor de esa visita que no conozco. Si no los hay, no salgo de mi asombro.
-¿Y de no haberlos?
-Nunca he insultado a nadie.
-¿Qué le falta al político de hoy?
-La vocación política nace, si es noble, del afán de hacer cosas por los demás. Quien tiene esa vocación ha de ofrecerse para ser elegido y poder hablar con los demás. Pero hoy a los jefes de los partidos no les interesa que haya figuras descollantes que puedan hacerles sombra. La selección funciona a la inversa y la gente seria no se deja.
-¿Con qué se queda de lo que ha leído en las últimas semanas en la prensa?
-Con cualquier texto de un dibujo de Mingote. Es uno de los españoles a los que más admiro porque demuestra que opina con libertad.
«Tiene que haber argumentos a favor de la visita de Moratinos a Gibraltar que no conozco; si no los hay, no salgo de mi asombro»
Fernando Suárez González
(León, 1933), es licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo con premio extraordinario y doctor por la Universidad de Bolonia en 1960. Fue jefe nacional de Enseñanza y entre 1960 y 1962 jefe de la Delegación Nacional de Juventudes, a la vez que consejero nacional de Educación. Entre 1962 y 1963 se hizo cargo de la dirección del Instituto de la Juventud. En junio de 1973 fue nombrado director general del Instituto Español de Emigración. Procurador en Cortes por la provincia de León entre 1967 y 1971, fue nombrado vicepresidente tercero y ministro de Trabajo el 5 de marzo de 1975 en el último Gobierno del general Franco. Suárez González contribuyó a la transición española a la democracia y destacó en la defensa del proyecto de ley para la Reforma Política. Enamorado de Asturias, es catedrático emérito de Derecho del Trabajo de la UNED. En 2007 ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
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