PEDRO DE SILVA
Atentados como el de ayer, contra viviendas familiares de guardias civiles, dan la medida de la negrura y densidad de ese agujero negro que es ETA. Es fácil de imaginar un crimen individual, como desvío o enajenación, pero resulta difícil de concebir que exista un amplio grupo humano, formado por gente de apariencia normal en el seno de una sociedad culta y desarrollada, capaz de programar, ejecutar, aplaudir o apoyar, en nombre de una causa política, una masacre de familias enteras como la que pudo haberse producido. Sólo la intensidad de un núcleo que se alimenta de un discurso cerrado, dogmático hasta la exasperación, cruel y bárbaro, que emite mensajes entendibles sólo por gente programada para entenderlos, aislada del mundo civilizado, explica semejante desvarío colectivo. Si el pueblo vasco llegara a caer en manos de una minoría así estaría abocado a un destino terrible.