Oviedo, Sara ARIAS
Los asturianos miran con miedo a las lámparas solares. Una investigación científica acaba de provocar que las cabinas de bronceado, cientos de ellas funcionando en establecimientos de estética del Principado, hayan sido incluidas en la lista oficial de factores causantes de cáncer. Los usuarios de lámparas solares consultados ayer se dividen entre los que anuncian que no volverán a tomar el sol bajo los tubos y los que consideran que las máquinas tienen el mismo riesgo que tomar el sol en la playa o fumar un cigarrillo. Los propietarios de negocios de estética, no lo dudan: se está alarmando a la población. Los dermatólogos tampoco: el riesgo existe y es alto.
Estos últimos profesionales son los que más comparten la decisión de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud. El número de agosto de la revista médica «The Lancet Oncology» recoge las conclusiones de una investigación llevada a cabo por veinte científicos de nueve países, incluido España, que determina el riesgo de melanoma cutáneo, uno de los tipos de cáncer de piel más agresivos, aumenta en un 75 por ciento en las personas que comienzan a utilizar las camas solares con menos de treinta años.
El dermatólogo asturiano Pablo Coto Segura explica que, «el cáncer de piel está aumentando y el melanoma en concreto más. Los solárium favorecen la radiación ultravioleta, hasta ahora sólo faltaba la confirmación». Los propietarios de negocios dedicados a la estética y al bronceado se defienden. Susana Menéndez Palacio, encargada de un salón de belleza de Avilés, asegura: «Todo en exceso es cancerígeno; incluso los dermatólogos lo recomiendan para psoriasis o el acné».
Pero existe una diferencia que explica el dermatólogo Luis Barthe. «Existen lámparas de uso dermatológico, para psoriasis, alergias, pero no hay que confundirlas con las cosméticas, además deben estar controladas por médicos especializados», asegura el dermatólogo. Barthe hace referencia sobre todo a tres variables, el tipo de piel, las personas con piel muy clara y lunares no deben tomar radiación ultravioleta. También se deben tener en cuenta los antecedentes familiares.
Fermín Barrio es propietario de un salón de belleza que hasta hace poco contaba con una cabina solar. «En los solárium hay muchas normativas, pero en la playa no y la gente se pasa horas bajo el sol», asegura Barrio.
Los médicos aclaran que aunque lo parezca, no es lo mismo. Pablo Coto explica: «No es lo mismo tomar el sol que acudir a una cabina de rayos UVA, allí la radiación está a cinco centímetros, mientras que en la playa los rayos pasan muchos más filtros». También señala que «las cabinas están ahí, se pueden utilizar pero deberían avisar como con el tabaco».
Ahora los usuarios de estas lámparas bronceadoras deberán informarse y conocer los riesgos que corren antes de entrar en una cabina bronceadora. «Es un caso similar al tabaco, produce cáncer pero por echar un cigarrillo no te vas a morir», afirma una clienta de un centro de bronceado. «No volveré más», asegura otra que acude a la lámpara solar «de ciento en viento, cuando tengo una boda y estoy demasiado blanca».
Claro está, como con el consumo de tabaco, la decisión final es del usuario. Los científicos lo han dejado bastante claro en sus trabajos. Estos estudios desarrollados a partir de investigaciones llevadas a cabo con ratones demuestran que los rayos UVA tienen la capacidad de generar cáncer.
«El cáncer de piel está aumentando y el melanoma en concreto»
<Doctor Pablo Coto Segura
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Dermatólogo
«Existen lámparas de uso dermatológico, pero siempre controladas por un médico»
<Doctor Luis Barthe Dermatólogo>