PEDRO DE SILVA
El clásico pacto con el diablo -disfrutar de todo a cambio de entregarle el alma- es hoy el que trabamos con la tecnología. Al usar el móvil en cualquier sitio nos creemos más libres, pero estamos dando información de nuestros pasos, como si tuviéramos un chip en la suela del zapato, pues cada poste repetidor funciona como una baliza. Al navegar por internet lo tenemos todo ante los ojos a voluntad, pero a la vez estamos informando de nuestros intereses, gustos, pasiones, y, en definitiva, sobre lo que somos. Aunque la pantalla del ordenador parece una ventana para ver el mundo, es una videocámara que nos hace una endoscopia en continuo. La red se llama así por algo, y nosotros somos los peces. Como ya no tiene remedio, es sólo un tema de reflexión estival mientras se nada de la orilla a las boyas, que en muchas playas también tienen red para que los pececitos no salgan a la mar.