Salcedo (Quirós),
L. PALACIOS / R. F. OSORIO
La romería de Alba es una de las de mayor tradición del concejo de Quirós. Cientos de romeros acudieron ayer a la misa en el día grande de las celebraciones, que cada año tienen lugar el 15 de agosto. La fiesta de la Virgen de Alba está considerada como de interés turístico regional y cada año congrega a numerosos fieles en la sierra del Aramo, donde está ubicada la ermita.
Además de la misa religiosa al aire libre, se celebra la subasta del ramu de pan de escanda, una comida campestre, carreras de cintas a caballo, tiro de cuerda y juegos infantiles. También hay instalada una carpa de grandes dimensiones con música, uno de los principales atractivos de los últimos años que atraen a numerosos jóvenes de Riosa, Morcín o Lena.
Muchos de los asistentes a las fiestas siguen acudiendo a caballo, como se hacía tradicionalmente. De hecho, ayer eran también muy numerosos los jinetes y las monturas que ni siquiera llegaron a participar en la carrera prevista para la tarde.
Todos los actos previstos quedaron suspendidos tras la caída del rayo, y la campera se quedó casi vacía en apenas una hora. «Nunca había pasado nada así en esta fiesta, estamos asustados», indicaba una asistente a la romería, a la par que afirmaba que «lo importante es que los heridos se recuperen rápido».
Manuel Álvarez, vecino de Riosa, vio en directo cómo caía el rayo en una zona arbolada en la que estaban atados varios caballos. «Dentro de la desgracia, ha habido suerte, porque en ese punto había tranquilamente unas 50 personas; el accidente pudo haber sido mucho más grave», reflexionaba el romero al pie del animal muerto.
Además, el incidente resultó un tanto «extraño» para los romeros, porque sólo llegó a caer un rayo. A pesar de que los truenos resonaban en las montañas cercanas, fue el único chispazo que vieron los asistentes y por eso no llegó a cundir el pánico.
«La gente enseguida empezó a correr hacia donde estaban los heridos; luego, cuando empezó a llover más fuerte, fue cuando empezó a bajar la gente», señaló Manuel Álvarez.
En los pueblos cercanos a Salcedo se formaron numerosos corrillos de vecinos que se enteraron del suceso y que comentaban la «mala suerte» que acompañó a la romería. Muchos padres también se acercaron a la zona para interesarse por sus hijos, que se habían quedado a pasar la noche en tiendas de campaña en la campera de la capilla.
Una de las madres comentaba aún incrédula que su hijo estuvo en el lugar exacto donde cayó el rayo, bajo unos árboles y al pie de un grupo de caballos, apenas diez minutos antes del suceso: «Ha sido un buen susto y podía haber sido aún mucho peor».