Oviedo, Marcos PALICIO
La fiabilidad del sistema antiniebla del aeropuerto de Asturias se evalúa a pleno sol. Los ensayos del protocolo de aterrizaje con niebla densa que se pretende restaurar en Santiago del Monte consisten, muy básicamente, en efectuar los procedimientos que se seguirían para tomar tierra con visibilidad nula, pero con la pista a la vista. De este modo es posible abortar la maniobra si se presenta alguna dificultad, explica Javier Pérez de Uribarri, director de aeronaves, infraestructuras y medio ambiente del Colegio Oficial de Pilotos de Aviación Comercial (COPAC). Los aviones de Air Europa han comenzado a realizar éstas y otras pruebas en la terminal asturiana desde comienzos del mes de julio para valorar la propuesta del ente estatal Aeropuertos y Navegación Aérea (AENA) de restablecer la categoría máxima -la III- del ILS (sistema de aterrizaje instrumental, por sus siglas en inglés), que permanece desactivada desde marzo de 2007 por motivos de seguridad.
«Se hace un número de aproximaciones en las que se comprueba si el avión hace el aterrizaje automático de forma correcta», señala Pérez de Uribarri, pero en condiciones meteorológicas mejores de las que se consideran de categoría III -las de visibilidad prácticamente nula-, lo que permite desconectar el piloto automático si hay problemas. «Se utilizan todos los procesos que se harían en esas circunstancias, pero sin niebla», resume, teniendo en cuenta que «no todos los aviones se comportan igual en entornos determinados» y que «es necesario repetir las pruebas un número determinado de veces para asegurarse de que el sistema funciona».
Los ensayos están orientados a valorar el cambio del proceso técnico para el aterrizaje en el aeropuerto de Asturias que exige la evolución del sistema antiniebla pretendida por AENA. Debido a las oscilaciones del terreno en el entorno de la pista, se alteran las lecturas que hacen los sistemas receptores de los aviones. En concreto, debido a la brusca elevación del suelo, la aeronave recibe demasiado tarde la señal de que se encuentra a sesenta metros, la altura a la que se inicia la aproximación a pista y a la que se comprueba que todos los instrumentos de vuelo funcionan correctamente. La vaguada situada junto a la pista hace que esta información se reciba sólo siete segundos antes del aterrizaje, sin tiempo suficiente para abortar la maniobra en caso de problemas. Normalmente, cuando se aterriza con visibilidad nula, ese mensaje llega con un margen de quince segundos. La solución que propone AENA, que sólo se utiliza en tres aeropuertos del mundo, dos de Estados Unidos y uno de Suiza, consiste en modificar las rutinas de trabajo de los pilotos para aterrizar en Asturias «a ciegas», instaurando unas nuevas fórmulas de toma de decisiones, entre otras operaciones, ignorando las señales de los radioaltímetros.
Los pormenores de este nuevo proceso han motivado un estudio de seguridad cuyo contenido acordaron a finales de julio AENA, el COPAC y las compañías Iberia, Air Europa, Easyjet y Spanair. Este documento, que es descriptivo y no valorativo, identifica los riesgos de restablecer el dispositivo y las acciones que los mitigan y será sometido a la valoración de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) antes de que la Dirección General de Aviación Civil decida sobre la restauración del sistema.
La compañía decide
A la hora de aterrizar con niebla, el piloto se acoge a las directrices de su compañía, que establece el nivel de visibilidad en el que autoriza el aterrizaje, dentro de los límites máximos que marca Aviación Civil y que en Asturias, de momento, permiten tomar tierra con el ILS en nivel II de un máximo de III.