Avilés, Myriam MANCISIDOR
El Cantábrico es ahora un cementerio de redes rotas. El sector pesquero está en decadencia y cientos de marineros que faenan en aguas asturianas se ven abocados a una crisis de final dudoso. La pesquería de la anchoa, vetada desde hace un lustro, fue la primera en caer en picado. Las costeras de la angula, el bonito, la sardina, el calamar, el pixín, el marisco y también el pulpo son, a día de hoy, cada vez menos rentables: las capturas son escasas y los precios de venta en rula fluctúan a la baja para los patrones de las embarcaciones. Los afectados por el declive del sector pesquero aseguran que, de no tomarse medidas, el Cantábrico será «un mar seco». La bengala de emergencia ya está encendida.
El responsable estatal del programa marino de Adena, José Luis García Varas, manifestó que el desplome de las capturas de las especies comerciales se debe analizar desde diferentes prismas: la sobreexplotación de los caladeros, la contaminación de las aguas, la construcción de infraestructuras próximas al litoral que modifican los ecosistemas marinos, el mal uso de ciertas artes de pesca y el cambio climático. «El caso de Asturias no es único: en Europa el 85 por ciento de las pesquerías está sobreexplotado o al límite», sentenció. Y añadió: «Durante los últimos veinte años se han agotado los caladeros. Un ejemplo es El Cachuco (en el Oriente asturiano), un caladero declarado área marina protegida, donde se habían esquilmado todas las especies pequeñas».
El uso de ciertas artes de pesca también debe ser motivo de estudio, a juicio de García Varas. «Hay gran número de capturas accidentales que dañan los ecosistemas», precisó. ¿Y la solución? El responsable de Adena apostó por los paros biológicos según qué pesquería. «En algunos casos, los planes de recuperación de la Unión Europea comienzan a funcionar. Es el caso de la merluza, donde se redujo la presión sobre el stock», explicó. Destacó, además, la necesidad de concienciar al sector pesquero para que se autoimponga paros biológicos, como ya hacen en Galicia. «Si a esto añadimos que se aumenten las tallas mínimas de capturas estaríamos hablando del futuro del sector pesquero», subrayó.
Greenpeace ha elaborado recientemente una «lista roja» con las especies pesqueras amenazadas y que, en su mayoría, tienen gran demanda comercial en Asturias. Son el pixín, el bonito, el bacalao del Atlántico, el tiburón, la merluza, el fletán, la platija, las gallinetas, los langostinos, las mantas y rayas, el lenguado, el pez espada o emperador. La organización achaca el descenso de capturas a la sobrepesca. Algunas técnicas pesqueras utilizadas tienen también, según los ecologistas, un impacto devastador en la vida y ecosistemas marinos.
El patrón mayor de la Cofradía «San Juan Bautista» de La Arena (Soto del Barco), Eloy Sopeña, se dedica a la pesca del calamar. «La temperatura del agua todavía no es la adecuada, por eso no se pescan apenas calamares; pero habrá más una vez que pase el verano», auguró. Del resto de especies pesqueras manifestó: «Desconozco cuál es la explicación científica, pero hay una muy sencilla: cada vez somos más lobos para la misma carnada». Eloy Sopeña conoce bien, sin embargo, el ocaso de la angula. En la desembocadura del río Nalón se pesca cada año de noviembre a marzo la mayor parte de esta especie ya conocida como «oro blanco» por el precio al que cotiza en rula.
En la costera de la angula participan alrededor de medio centenar de lanchas y una veintena de anguleras que utilizan, principalmente, el cedazo (colador de enormes dimensiones) en la pesquería. Y Sopeña está favor de un paro biológico para que se regenere esta especie que antaño daba de comer al bajo Nalón. «Hemos propuesto a Pesca un paro biológico de un mes y, el resto de la costera, salir a faenar sólo quince días de cada mes, siempre y cuando nos compensen con ayudas económicas. Aún estamos pendientes de respuesta», adelantó. La pesquería de angula pasó de 667 kilos en 2004 a 371 en 2009.
El patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Luarca, José Antonio Fernández, sabe bien de lo que habla su colega sotobarquense. En el occidente asturiano, de Cudillero hacia Galicia, escasea ahora el pulpo. Sólo en Luarca, el 60 por ciento de la flota se dedica a la pesca de este cefalópodo. «No hay pulpo porque no hay "patiecho", una especie de cangrejo que le sirven de cebo», explicó Fernández. Las rulas de Puerto de Vega y Navia también notan el descenso de ventas de esta especie. El centollo y las andaricas brillan igualmente por su ausencia. «Puede que se lo comiera el pulpo, aunque no se sabe», recalcó.
La costera del bonito, la más tradicional del verano asturiano junto a la de la sardina, tampoco está resultando buena. La próxima semana se prevé la llegada de las lanchas que partieron hace más de dos semanas con apenas 2.000 kilos. El pasado año en el mismo tiempo entraban en las rulas con 10.000 y 15.000 kilos de túnido. El calamar y el pixín también se pesca con cuentagotas. «El agua está caliente y, al faltar la sardina, que es la carnada, entra mal», recalcó Fernández. El patrón mayor de la Cofradía de Lastres, en el Oriente, Ángel Batalla, coincidió en que la costera del bonito «es bastante mala». Al contrario, subrayó, hay salmonete y pixín. La merluza también es, en cualquier caso, la reina de las rulas.
Los armadores de palangre se quejan, en este caso, del precio. La cotización de la merluza en los diferentes puertos del Cantábrico tiene en vilo a los comercializadores, los pescadores y los responsables de la nueva rula de Avilés, la principal de Asturias por volumen de desembarcos. La cuestión no es baladí, pues la venta de merluza supone el 20 por ciento del valor de toda la pesca fresca comercializada en la región y hasta el 25 por ciento en el caso de la lonja avilesina.
El presidente de la Federación Asturiana de Cofradías de Pesca -a la que no pertenecen, por decisión propia, las de Avilés y Lastres-, Dimas García, manifestó que el precio de la merluza «es otra guerra que poco tiene que ver con el descenso de las capturas». García achacó, por su parte, la merma de capturas a la sobreexplotación de los caladeros. Por este motivo apoyó realizar cada año paros biológicos de hasta cuarenta días, para que se regeneren las aguas.
El naturalista Luis Laria, responsable de la Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas (Cepesma), vinculó también la disminución de capturas a la sobrepesca y al calentamiento del agua. El biólogo avilesino Ricardo Roberto Fernández consideró que «la temperatura del agua también es muy importante y la tendencia es de que siga subiendo. Están ocurriendo cosas tan extrañas como en el País Vasco, donde han pescado recientemente cuatro barracudas (pez característico de aguas templadas y tropicales)».
Los pescadores tienen las ideas claras. El mar ya no es una fuente inagotable de riqueza. Los marineros temen por su futuro. Salir a faenar en el Cantábrico ya no es rentable: los precios, acusan los marineros, tienden a la baja en las rulas de la región, falta mano de obra cualificada y los gastos de mantenimiento de una embarcación superan las ganancias. Los pescadores aseguran en la barra de los bares de las lonjas: «Ta too escamao».