PEDRO DE SILVA
Hoy, hace 40 años, finalizaba el Festival de Woodstock. ¿Es mayor la nostalgia de los que estaban allí, de los no presentes, pero en la onda, o de los que, muy en las afueras de aquel vendaval, sólo recibieron un mensaje, un flash o ni eso? A veces la inmediatez abruma, aturde, impide la conciencia. ¿Cuándo estarán en internet las más añejas hemerotecas para leer nuestro periódico del día de hace mucho, con las noticias nacionales y locales, los anuncios, películas, sucesos, o sea, para saber qué éramos? El brujo Don Juan pedía a Carlos Castaneda un brutal ejercicio de iniciación: buscar en la memoria cada día de su vida. Terrible, que siga todo en algún sitio del cerebro. Con la memoria colectiva, igual. ¿Dónde está Woodstock hoy?, ¿dónde se ha ido su viento, o su espíritu, ese que sopla donde quiere (Juan, 3.8)? O bien: «Dónde han ido a parar todas las flores» (Pete Seeger, 1961).