Oviedo, L. Á. VEGA
José Antonio Pérez García, el joven de Vega del Ciego (Lena) herido el pasado sábado por un rayo en la romería de la Virgen de Alba, en Quirós, se recupera de sus lesiones en la planta de cirugía plástica del Hospital Central, plenamente consciente de la suerte que le acompañó el día del accidente. «Yo también tuve una parada cardiaca, pero una moza de Protección Civil me reanimó. Le estoy muy agradecido. Igual que a la Virgen de Alba. En cuanto salga de aquí iré a encenderle una vela», señaló ayer en su habitación, rodeado por sus padres y su hermana.
José Antonio, de 25 años, cree que hubo algo que se interpuso entre él y la muerte. «Había ido muchas veces a la romería, pero nunca me había acercado a la ermita. Ese día lo hice y encendí una vela. Quizá estoy vivo por eso», señaló. El momento en que fue alcanzado por el rayo lo recuerda un poco confuso. «Estaba hablando con los otros chavales, vi una luz blanca y algo me arrastró para atrás, tal cual. No recuerdo más», aseguró.
Los equipos de emergencias que se dirigían al prao de la romería estaban convencidos de que iban a encontrarse con dos cadáveres tras la caída del rayo. Afortunadamente, tanto Pérez como el otro herido grave, el adolescente mierense David C. C., fueron reanimados con éxito.
«Cuando me dijeron que me había alcanzado un rayo me puse muy nervioso. No quería estar en el hospital, porque sólo tenía molestias. Esta noche (por la del domingo al lunes) la pasé un poco mal», indicó. Las secuelas están a la vista. En la parte trasera del cuello tiene varias quemaduras que indican el lugar por el que le entró el rayo. En una de sus rodillas, por donde salió la descarga, lleva un vendaje. Su hermana Eva relata que el joven tenía ennegrecidos los pulmones. Los daños sufridos en los riñones los eliminará a través de la orina. Por eso bebe ahora mucha agua.
Los médicos aseguraron a José Antonio que había sido alcanzado por una descarga de 100.000 voltios. «Ahora, en cuanto sienta un trueno, seguro que voy a tener miedo», asegura el joven, que aún no puede creerse su mala suerte. Él está vivo, pero no su querido caballo, «Dumber». «Lo tenía desde hace dos años y le tenía mucho cariño», dijo el joven, apesadumbrado. José Antonio tenía pensado ahorrar para comprar otro caballo. Los padres del joven, José Antonio Pérez y Rosa María García, también están agradecidos por la atención que han recibido durante estos días.
El que también se recupera es David C. C., de 17 años, según indicó ayer su madre. El joven ya no está intubado y está consciente, aunque todavía permanecerá ingresado un tiempo, pero de momento no se sabe cuánto. «Sufre quemaduras externas, pero no internas, y tampoco le peligra el brazo», aseguró la madre, más tranquila después del «susto tremendo» del pasado sábado. La mujer quiso agradecer los esfuerzos de los médicos y del personal de la uvi móvil que atendió al adolescente. «Nos están dando un trato excepcional», aseguró.
David C. C. también sufrió una parada cardiorrespiratoria el pasado sábado. Sin embargo, pudieron reanimarlo y evacuarlo en helicóptero al Hospital Central. El rayo le entró por un brazo y le salió por un pie, después de que dejara fulminado al caballo de José Antonio Pérez.