Oviedo, Pablo GONZÁLEZ / Marcos PALICIO
La mala salud financiera de la sanidad asturiana busca respuestas en 2002. Ante la pregunta por el origen del problema, hay quien responde señalando al traspaso de las competencias a las comunidades autónomas, pero esta tesis admite grados de intensidad. Especialistas consultados por LA NUEVA ESPAÑA renuncian a recuperar el sistema sanitario único, pero ven deficiencias en el modelo autonómico que cabría atenuar, por ejemplo, con un organismo corrector que unificase los criterios de prestación de determinados servicios.
Miguel de la Fuente, decano del Colegio de Economistas de Asturias, se muestra abiertamente «partidario de que la sanidad pública no se hubiese transferido a las comunidades». Manejando toda la caja desde Madrid, asegura, «se habrían gestionado mejor los recursos y el gasto sanitario habría sido más eficiente». En la base de su diagnóstico está precisamente «una mala gestión de recursos» que incita a tomar medidas, porque «si seguimos en esta línea puede haber problemas gravísimos, sobre todo en estos momentos de crisis por el descenso en la recaudación tributaria que tiene la comunidad».
Carlos Monasterio, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Oviedo, empieza por el matiz terminológico, porque «no existe una financiación sanitaria. Desde 2002, la financiación tiene un volumen global y cada Gobierno, cuando articula su política presupuestaria, decide cuánto va a sanidad y cuánto a otros destinos». No se atreve a contestar si el sistema de salud vivía mejor antes de 2002, pero sí ha constatado que desde entonces «el gasto ha aumentado en parte por los complementos salariales que las comunidades autónomas han concedido a los profesionales y por el aumento de la demanda sanitaria, sobre todo en poblaciones envejecidas como la de Asturias». Por si fuera poco, el peligroso cóctel se completa con «rebajas fiscales y la supresión del impuesto de patrimonio».