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El tercer grado
- 33 presos están controlados con un dispositivo de pulsera y algunos pernoctan incluso en su propia casa.
- Otros 56 carecen de pulsera, pero salen cada día a trabajar.
- El objetivo es buscar la reinserción del recluso.
- Las mujeres también tienen facilidades para atender y cuidar a sus hijos.
- El tercer grado se concede tras el cumplimiento de tres cuartas partes de la condena.
- Más de setenta reclusos se tratan de adicciones en programas de rehabilitación.
Oviedo, Roberto H. GRANDA
Villabona profundiza en las políticas para favorecer la de reinserción social de sus presos. Así, más de ochenta reclusos, 82 exactamente, salen cada día de la penitenciaría para trabajar, una de las actividades que más favorece la recuperación social de los encarcelados.
De estos internos, 33 son controlados con un dispositivo de pulsera a modo de localizador. El control telemático facilita las tareas de inserción y sirve incluso, acompañado de un radio receptor, para que el interno pueda dormir en su propia casa. En la vivienda hay un receptor que emite una señal cuando el preso entra y sale con la pulsera. Otros 56 presos, que no necesitan pulsera, trabajan también a diario fuera de prisión. Algunos de los reclusos cuentan incluso con horarios de entrada y salida modificados según más convenga para que puedan desarrollar el trabajo adecuadamente. Por ejemplo, no tiene mucho sentido que un preso que pueda trabajar en una panadería salga a las ocho de la mañana de prisión.
Otros internos de Villabona salen al exterior para acudir a entrevistas de trabajo, e incluso algunos optan a recuperar o mantener el trabajo que tenían cuando entraron en la cárcel.
Aunque el principal objetivo es favorecer la reinserción de los reclusos y su incorporación al mundo laboral en la parte final de su condena, las mujeres internas que cuentan con el tercer grado tienen facilidades para atender a sus hijos, y así dar la oportunidad de que los pequeños pasen más tiempo con sus madres.
No obstante, no todo es reinserción laboral. Dentro de prisión se juega otra partida clave para lograr la recuperación social de los internos. En la cárcel asturiana hay 73 presidiarios que forman parte de la comunidad terapéutica, tomando parte en un programa de rehabilitación para drogas y adicciones. La labor que desarrolla este grupo es clave y un peldaño necesario para que los internos con problemas de toxicomanías puedan optar luego a la inserción laboral.
Instituciones Penitenciarias quiso matizar ayer que, en contra de lo que se pueda pensar debido a la relación que se establece entre las pulseras y los maltratadores y violadores, los presos que tienen el dispositivo en este programa no son los más problemáticos, ya que ésta es una medida para controlar a los internos que pasan la mayor parte del día fuera de prisión. Todos ellos están con el tercer grado penitenciario. Los permisos penitenciarios en la cárcel asturiana de Villabona se conceden a partir del cumplimiento de las tres cuartas partes de la condena. Obviamente, hay casos como los de terrorismo en los que no hay tercer grado.
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