Oviedo,
El Fondo Asturiano para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS) considera un éxito la reintroducción en su medio de la osezna que fue hallada herida en Somiedo hace más de un año, puesto que "el resultado ha sido la completa adaptación a la libertad".
La osezna fue recuperada por una pareja de turistas en el Parque Natural de Somiedo el 26 de junio de 2008 al ser encontrada herida en el borde de una carretera.
Tras un periodo de recuperación en cautividad, fue reintroducida en su medio natural el 11 de noviembre de 2008, fecha en la que se inició el seguimiento del ejemplar a través de un doble sistema de radioemisores con la finalidad de detectar posibles complicaciones en su adaptación.
Se pretendía así contar con una opción de ayuda al animal en una operación que era considerada por los especialistas como conveniente, pero compleja y con dificultades múltiples en su ejecución.
En la reintroducción y seguimiento posterior colaboraron personal técnico y guardas de la Consejería de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras, así como la Fundación Oso Pardo (FOP), el FAPAS y del grupo de expertos sobre oso pardo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Según el FAPAS, tras nueve meses de intenso seguimiento y control del esbardo, la adaptación del animal a su medio es destacable si se tiene en cuenta la juventud de la osa y el hecho de que hubiese estado varias semanas en contacto humano para ser curada de sus heridas.
Para la organización ecologista, la estrategia de suelta ha sido acertada ya que ha permitido mantener a la cría al margen de presiones externas, visitantes y observadores foráneos.
La osezna fue liberada en una zona de montaña donde se sabía que había estado con su madre y hermanos y que, según el FAPAS, ha resultado apropiada ya que ha aportado al ejemplar refugio y tranquilidad y no ha sido molestada en ningún momento por personas ni por otras especies silvestre.
Aunque hay pocos casos como éste, la osezna se ha comportado desde el primer momento en que fue liberada con naturalidad y, tras pasar el invierno, empezó a ampliar su radio de acción y sus incursiones hacia el valle, como sus congéneres de zonas cantábricas.
En la actualidad, la osezna con una edad de año y medio y unos treinta kilos de peso, se mueve ágil, camina por el valle, recorre los bosques, se baña e intenta descubrir todo lo que le rodea, en lo que pudiera interpretarse como un comportamiento de absoluta normalidad para su especie.
Ha demostrado, igual que hizo al buscar refugio y construir la osera, tener un instinto innato para localizar la comida.
Así, se la ha podido controlar alimentándose de varias carroñas que ella misma encontró en el área de campeo y ha sido observada alimentándose de plantas silvestres que consumen los osos en libertad. (EFE)