Oviedo, Antonio LORCA
El terrorista suicida que asesinó el pasado 9 de noviembre en Afganistán al brigada gijonés Juan Andrés Suárez, de 41 años, y al cabo vigués Rubén Alonso Ríos, de 30, «se reía» poco antes de inmolarse contra el convoy español en el que viajaban los dos militares españoles, según relata en unas escalofriantes declaraciones el mulá talibán Fateh Mohamed, que se reconoce como instigador de tan brutal atentado.
Cuando aún no ha pasado un año de aquel triste día en el que un suicida dirigió una furgoneta blanca cargada de explosivos contra el blindado BMR de la Brigada Ligera Aerotransportable (Brilat), a la que pertenecían las víctimas del atentado, el mulá Fateh Mohamed acaba de contar en una entrevista concedida al diario «El País» cómo un domingo de noviembre «temprano por la mañana, recibimos un informe de que un convoy de fuerzas extranjeras se acercaba. Fuimos para allá, trajimos al suicida y lo preparamos».
El convoy militar español, integrante de las fuerzas internacionales que, con respaldo de la ONU, participan en la pacificación y reconstrucción del país, regresaba a la base de Camp Stone, cerca de la ciudad de Herat, cuando se produjo el ataque, en el marco de la guerra que las milicias insurgentes talibanes mantienen contra el Gobierno afgano y las fuerzas internacionales que lo apoyan.
Uno de esos afganos llenos de odio fue el arma humana que los talibanes utilizaron para segar la vida de los dos soldados españoles. El suicida, que respondía al nombre de Habibullah, era un joven de tan sólo 18 años de edad al que el propio Fateh había reclutado y entrenado con anterioridad. Era de su mismo pueblo, una población cercana a Herat llamada Shindand. Ésta es una de las ciudades que han sufrido numerosos bombardeos por parte de las fuerzas de la OTAN, y uno de esos afganos en los que había anidado el afán de venganza era Habibullah, el suicida que acabó con la vida del asturiano Juan Andrés Suárez y de su compañero Rubén Alonso Ríos.
Habibullah le comunicó a su familia lo que iba a hacer y se encaminó hacia una muerte segura, que, en su fanatismo religioso, suponía el principio de una vida mejor junto a Alá. El mulá Fateh recuerda los momentos previos al atentado con una naturalidad estremecedora: «Estábamos contentos. Él se reía. Rezamos y lo lanzamos contra el objetivo».
En el momento en el que prepararon el atentado y aun después de haberlo cometido, ni Fateh ni el suicida sabían que sus víctimas eran soldados españoles. Pero tampoco les importaba. «No, no sabíamos si eran españoles o de otro país. Y no es importante para nosotros. Lo importante es que eran extranjeros», explica Fateh.
La entrevista a Fateh Mohamed se realizó en una pequeña cueva que es usada habitualmente como capilla para que los «fieles» hagan sus rezos y que está situada en plena ciudad de Herat, la capital del oeste afgano, a menos de diez minutos de la base donde viven 500 soldados españoles. Esta impunidad con la que se desplazan por los territorios, donde tienen situadas sus tropas los ejércitos de la OTAN demuestra la fuerza con la que cuentan los insurgentes y el apoyo que les prestan sectores de la población.
Los talibanes luchan en la mayoría de las ocasiones en lugares muy habitados y utilizan a los civiles como escudos humanos. Saben que los soldados de la OTAN terminarán atacándoles y que eso causará muchas bajas entre los civiles, lo que les permite achacar esas muertes a los «invasores extranjeros» y que, de esta forma, crezca el apoyo y la popularidad de los combatientes talibanes entre la población, azuzando así el odio a los infieles.
El Ejército español lleva ocho años desplegando soldados en Afganistán. Hace casi cinco extendió su misión a la zona oeste. Desde 2006, las tropas sufren ataques en esa parte del país, de manera más o menos regular. El mulá Fateh lanza una advertencia a España justo cuando el Gobierno sopesa el envío de más tropas a Afganistán: «Tengo un mensaje para los españoles, en especial para las familias de los dos soldados que murieron. Deberían pedirle al Gobierno español que se retire de Afganistán porque éste es un país musulmán, un país islámico, y estamos en contra de los extranjeros. Si no se van, continuaremos atacándoles».
Para las fuerzas insurgentes todos los extranjeros son enemigos que pretenden socavar su cultura y sus costumbres y eliminar su religión. Un jefe histórico de los talibanes y uno de sus principales dirigente en el oeste de Afganistán explicó su posición hacia España: «Los españoles vinieron con los norteamericanos e invadieron nuestro país. Que se vayan».
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