PEDRO DE SILVA
Tras el 70.º aniversario del inicio en Europa de la II Guerra, vendrán 6 años de conmemoraciones de sus grandes batallas, invasiones, desembarcos y bombardeos. Muchos dicen que las guerras hay que olvidarlas, pero es mejor recordarlas con todo detalle, pues están ahí, guardadas en la memoria colectiva, y hay que dar salida a esa energía negativa. Una guerra tiene algo de trance hipnótico, regido por el miedo, y deja una marca indeleble en la conciencia de la humanidad. La conciencia de Occidente arranca con la guerra de Troya, y en la conciencia actual manda un valor de Estado, de nombre «bienestar», que viene a ser el reverso de la II Guerra, y en el fondo no tiene sentido sin ella. Es el gran silencio y la paz que se forman detrás de una enorme explosión. Aunque esto sea terrible, refuerza la necesidad de recordarla, para que el valor siga valiendo. En España, con la Guerra Civil, igual.