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«En la transición nunca tantos políticos debieron tanto a tan pocos antifranquistas»

«Tras la muerte de Franco hubo quienes pensaron que se habían acabado los jefes y las responsabilidades, y que las empresas eran de ellos»

 
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José Antonio García Casal, «Pity», durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA.
José Antonio García Casal, «Pity», durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA. mara villamuza

Gijón, J. MORÁN

Su paso desde la Juventud Obrera Católica (JOC) al Frente de Liberación Popular (FLP) y a Comisiones Obreras es el período que abarca esta segunda entrega de las «Memorias» de José Antonio García Casal, «Pity», histórico sindicalista y político, nacido en Sotrondio en 1942.

l Aquel «Cardijín». «Siendo yo presidente de la JOC, en 1962 (había sido ya la gran huelga de agosto) trajimos a Cardijn, el fundador, a un congreso en Oviedo. Hicimos una propaganda tremebunda del acto por todos los pozos mineros, de novela. Curiosamente, quien llevó toda la propaganda fue Víctor de la Concha, hoy presidente de la Real Academia. Nos hizo una campaña preciosa; empezamos con unos carteles que decían "Cardijn hablará en Oviedo". Empapelamos todas las Cuencas y la gente decía: "¿Quién será esti Cardijín". A la semana siguiente, los carteles ponían: "Vete a oír a Cardijn al teatro Campoamor". Un día se me presentó un policía a pedir 40 entradas para el acto. "¿Y usted quién es?". "Bueno, un simpatizante de Cardijn". Había entonces un obispo muy conservador en Oviedo, franquista convencido, Segundo García de Sierra, pero conmigo se llevaba bastante bien. Un día me llama al obispado porque nosotros habíamos solicitado en Turismo el uso del Campoamor, pero respondieron al obispo, denegando la petición. "Dicen que no se puede hacer porque se puede venir abajo el Campoamor con tanta gente", me explicó. "Mire, eso es una patraña de la Policía". Así que hicimos el acto en el Seminario y el obispo colaboró mucho. Vino gente de toda Asturias, un llenazo. Nos sacaron en el periódico "Región", con un titular que decía: "Con el puño en alto", porque fotografiaron a uno que era de Murcia y que había levantado la mano y aquello parecía el puño. Nos pusieron verdes».

l Antifranquista y anti-sóviets. «Durante el servicio militar yo me había hecho del Frente de Liberación Popular (FLP), el "Felipe", que lo funda Julio Cerón, diplomático y cristiano progresista. Era una organización muy clandestina, con gente importante: Juan Cueto, Nacho Quintana, los hermanos Cheni y Paloma Uría, Jaime Herrero, Juan Luis Rodríguez Vigil o Antonio Masip, más tarde. El FLP era antifranquista y anti-Unión Soviética, a la que criticábamos furibundamente: la gerontocracia, la tremenda falta de libertad, los millones de personas que liquidó Stalin. El "Felipe" era muy ecléctico: había desde maoístas hasta socialdemócratas, y también algunos que decían que había que ir a hacer la guerrilla a Cazorla».

l Sólo un obrero. «Había gente pensante en el "Felipe". Vino un ingeniero, también experto en sociología, al SADEI, Ricardo Muñoz, y elaboró la primera encuesta sobre movimiento de población por la creación de Uninsa, de Mieres a Gijón. Con esa encuesta Nacho Quintana y el núcleo pensante del "Felipe" llegaron a la conclusión de que había que desarrollar la organización en Gijón. Y me encargaron el "frente obrero". Alguien escribió entonces alguna tontería diciendo que el "Felipe" sólo tenía un obrero, "el obrero", que era yo, pero en Gijón ya habíamos constituido dos células en la Escuela de Industriales. La consigna del "Felipe" (que se disolvió en 1969) era que se fuese a Comisiones Obreras, y que había que evitar que el Partido Comunista las utilizase. Yo había ido a Gijón, a Mina La Camocha, y en 1966 entré en contacto con Comisiones, a través de Manuel García, "Otones". Iba a Madrid, a las reuniones de coordinación, y es entonces cuando se prepararon las manifestaciones del 30 de abril y Primero de Mayo de 1967 y 1968, las primeras tras la Guerra Civil».

l «Entrismo» en el Vertical. «Un sindicato no podía ser clandestino y en Comisiones defendíamos el "entrismo" en el "verticato", es decir, presentarnos a las elecciones del Sindicato Vertical. Eso dio mucho entrenamiento a muchos que después fueron dirigentes de CC OO, y ahí aventajaban a UGT, que era más cerrado, más clandestino; estaba durmiente todavía. El PC tenía células pequeñas, pero con gente en todas partes; eran activistas, se la jugaban e iban a la cárcel. Y el PSOE llevaba una clandestinidad muy estricta, y así todo se le coló un policía, que fue a Toulouse, a cursillos y reuniones, y casi lo nombran secretario general? Se les infiltró y fue la USO la que alertó al PSOE, avisando a Emilio Barbón y a Marcelo García: "Tenéis un policía que entra y sale cuando le da la gana". El "entrismo" significaba negociar convenios, y aprender, y estar en contacto con los trabajadores. En las elecciones del Sindicato Vertical de 1966, el ministro Solís, el del "verticato", hizo una propaganda con carteles de un paisano con el brazo apuntando hacia a arriba y un lema: "Vota al mejor", y unos mineros escribieron debajo: "A reclamar, al cielo". A Solís le había conocido cuando en 1962 vino a Asturias, después de la huelga. Recibió a una comisión: "Joder, cago en la puta, ya era hora de que nos viésemos cara a cara, con vosotros, los mineros". Era un andaluz simpático; yo era el más joven y el más imprudente: "Mire, déjese de tal y cual; no hay libertad sindical"».

l Franquismo, contracultural. «El entrenamiento del "entrismo" produjo que años después fuéramos en La Camocha el primer sitio de España donde nos cargamos el "verticato", por abandono del jurado de empresa y porque era imparable nuestra fuerza. El conde de los Gaitanes, José Luis de Ussía y Gavaldé, padre de Alfonso Ussía, era el presidente de Minero Siderúrgica de Ponferrada, propietaria de La Camocha, y aceptó aquello. Un día le dije: "Dentro de muy poco van a tener ustedes que entenderse con nosotros, con CC OO y la UGT, creo que debemos colaborar". Llegamos a tener mucha intimidad: "Mire usted, Casal, el franquismo es una cosa contracultural". Él pertenecía al consejo privado de don Juan, como si fuera su ministro de Hacienda. Tenía un despacho en el Banco Central, en Madrid, y yo subía a verle en un ascensor, y con un ascensorista vestido de librea que me mandaba sentarme en un asiento forrado de terciopelo. El conde era de una categoría humana y empresarial de la leche».

l Despido en la mina. «A comienzos 1970 me despiden de La Camocha. Hubo una cazada en toda España porque se dieron cuenta de que había un sindicato que tenía mucha capacidad de movilización. Después fui vendedor de máquinas herramientas y viajaba por León, Palencia, Santander y la mitad de Asturias. Dejaba propaganda de Comisiones en las empresas. Pasé posteriormente a una empresa de máquinas herramientas, Maco, después Focoinsa Noroeste, y fueron un día a detenerme, pero me había largado porque me había llamado mi mujer por teléfono: "Oye, que tengo a la Policía en casa...", y no pudo decir más; le quitaron el teléfono y la detuvieron también. El dueño de Focoinsa era Cristino Antuña, muy buena persona, hermano de Agustín Antuña (el que fue presidente de la Diputación). Dio la cara por mí y dijo: "Éste no tiene nada que ver". Estaba bien en ese trabajo y ganaba suficiente, pero a mis ex compañeros de Gijón les decía: "Tengo un compromiso moral con La Camocha; en cuanto pueda o pidáis nuestro reingreso, vuelvo". Volví antes de morir Franco».

l Sindicalismo sin oficio. «Nunca oí un silencio tan profundo en la casa de aseo de La Camocha como el día en que murió Franco. Empieza la transición y hubo que volcarse en que no se desmadrase aquello. Hubo quien pensó que se habían acabado los jefes y las responsabilidades, y que la mina era suya. Por no haber sindicalistas con oficio, algunas empresas que se pudieron haber salvado en aquella época tuvieron que cerrarse. ¿Quién paraba aquello? Pasaba también en los partidos. Había afanes de protagonismo, vanidades, y otros llegaron a la política de carrerilla con la etiqueta de luchadores antifranquistas. Como decía un amigo mío: nunca tantos debieron tanto a tan pocos, tantos nuevos políticos».

Tercera y última entrega, mañana, martes

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