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Si el portavoz de los galardonados optó por desgranar los claroscuros de Asturias y sus gentes, el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, construyó un positivo discurso tomando como referencia las virtudes de los premiados. Según Areces, la Asturias del futuro debe basarse en «la educación de calidad, la cooperación, el esfuerzo, el sacrificio, la tenacidad, la capacidad para sobreponerse a las dificultades, la deportividad o el compromiso social». Aún así, y según Areces, «la primera crisis financiera y económica de la globalización ha mostrado las fortalezas colectivas de Asturias».
Areces puso como ejemplo de «personalidades valerosas y comprometidas con la modernización de nuestro país» a Aurelio Menéndez. El Presidente no se olvidó de destacar el papel de la emigración y cómo «la labor generosa de asturianos y descendientes de asturianos en los países iberoamericanos contribuyó decisivamente a restablecer la comunicación entre los que se fueron y los que se quedaron». Precisamente la labor ejercida por el vicepresidente de Cuba, José Ramón Fernández, hijo de asturianos, en fortalecer los vínculos entre Cuba y Asturias, es la razón principal esgrimida para darle la medalla de oro. «No sería exagerado decir que hoy Asturias limita con estos países (en referencia a los iberoamericanos) y, particularmente con Cuba».
Areces destacó la «capacidad de esfuerzo» y la «fuerza de voluntad» de personas como la alpinista Rosa Fernández, a quien el cáncer de mama que se le detectó el pasado mes de enero no le ha impedido seguir preparando nuevos retos deportivos. Areces no se olvidó de la importancia de contar con el capital humano que representan investigadores como José Barluenga, «la concordia y amistad» de agrupaciones como la Asociación de Amigos de la Ría de Navia (recogieron la medalla Javier Fernández-Agustí y Juan Martínez, presidente y vicepresidente respectivamente) o el papel que en diversos ámbitos ejercen negocios como el restaurante Casa Consuelo (estuvo representada por los hermanos Álvaro y Ramón García) o la asociación que agrupa a las empresas de índole familiar de la región (presidida por María Luz Suárez). La cultura, en este caso musical, tuvo su cuota protagonismo con Chus Pedro Suárez y Manolo Peñayos, «Nuberu». «El desarrollo de la democracia y el autogobierno nos ha permitido incorporar la música a nuestras emociones y vivencias colectivas. De la mano de músicos valientes, Asturias tuvo ritmo y voz para acompañar las angustias e ilusiones de las últimas tres décadas», zanjó.