Oviedo, Pablo GONZÁLEZ
«Una de las claves principales del carácter asturiano descansa en una cierta tensión vital entre la timidez y el grandonismo». Aurelio Menéndez resumía así lo que a su parecer conforman las grandes virtudes de «generosidad, nobleza y laboriosidad» de los asturianos. Fue durante el discurso que este jurista y ex tutor del Príncipe Felipe pronunció ayer en la entrega de las medallas del Principado en el auditorio de Oviedo. El presidente asturiano, Vicente Álvarez Areces, destacó que los valores encarnados por los premiados «son los mismos sobre los que queremos construir la Asturias del futuro».
El jurista gijonés ejerció como portavoz de los poseedores de estas virtudes. Aurelio Menéndez compartió medalla de oro con el vicepresidente cubano José Ramón Fernández Álvarez, «El Gallego», que no pudo asistir al acto. En su lugar acudió Alberto Velasco, embajador de Cuba en España. Las medallas de plata se impusieron a personas e instituciones, y fueron a parar a la alpinista Rosa Fernández, al químico José Barluenga, al grupo «Nuberu», al restaurante Casa Consuelo, a la Asociación Asturiana de Empresa Familiar y a los Amigos de la Ría de Navia.
Para Menéndez, ex ministro de Educación con Adolfo Suárez y tutor, entre otras cosas, del Príncipe Felipe, el «grandonismo» astur explica algunas de las virtudes de los asturianos como «el sentido de la propia dignidad, la grandeza del alma, su proverbial generosidad y su hospitalidad». En el otro plato de la balanza, «el apasionamiento, la locuacidad, el alto tono de voz y la notoria tendencia a la vanidad». Para esto «el bable ha creado un término no traducible al castellano: ante un asturiano así, decimos que ye un babayu»».
¿Y ante todo esto dónde queda la timidez de los asturianos? Menéndez considera que, por un lado, proporciona «sentido de mesura y equilibrio moral», que sirve de «verdadero freno del grandonismo que se percibe en un buen número de asturianos». Dicho esto, Menéndez también considera que esta timidez «constituye, a menudo, un freno considerable a la posibilidad de desarrollo de la región». Y esto sucede así por otras dos características de la forma de ser de los asturianos: «su sentido crítico y su tendencia hacia una ironía paralizante». Y, a pesar de todo esto, Menéndez cree que los defectos «se suavizan tanto fuera de Asturias que hemos llegado a ser colonizados en nuestra tierra y colonizadores fuera de ella». El fundador del prestigioso bufete Uría-Menéndez tuvo un recuerdo para los políticos más destacados asturianos de los últimos siglos, pasando por Jovellanos, Flórez Estrada y concluyendo por Torcuato Fernández-Miranda, Santiago Carrillo o Sabino Fernández Campo. «Lo que los asturianos hemos hecho fuera de Asturias, en España, y fuera de ella, lo hemos hecho siempre con nostalgia». Este arraigado sentimiento lo hizo extensible a los premiados, de los que aseguró que «todos ellos reciben su medalla con un sentimiento de lozana asturianía y la exhibirán como un preciado testimonio de su contribución generosa al desarrollo de nuestra querida tierra».
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