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«No hay que perpetuarse en la política»

«Hay "renovadores" en el PSOE que siguen ahí, sin ningún empacho, años y años; la forma de seleccionar a la gente en los partidos tiene que cambiar radicalmente»

 
José Antonio García Casal, «Pity», en la plaza de la Gesta de Oviedo.
José Antonio García Casal, «Pity», en la plaza de la Gesta de Oviedo. mara villamuza

Gijón, J. MORÁN



José Antonio García Casal, «Pity» (Sotrondio, 1942), veterano sindicalista, relata en esta tercera y última entrega de sus «Memorias» para LA NUEVA ESPAÑA su entrada en el PSOE y su actividad política, de la que se retiró en 1995.



l Generación de González. «Fui secretario de acción sindical de CC OO en Asturias de 1978 a 1981. Después, vuelvo a La Camocha, y luego, otra vez a estar liberado por la rama de la minería, pero para entonces ya difería de CC OO. Lo mío era una contradicción permanente, porque mis ideas eran socialdemócratas. Soy de la generación de Felipe González, a quien tuve la suerte de conocer años atrás. Felipe hizo la mili en Monte La Reina (Zamora), con Nacho Quintana y Juan Cueto. Nacho lo trajo a Asturias hacia 1964 o 1965, y visitó la cuenca del Nalón con nosotros. Se quedó en casa de Manuel Jesús González, economista de El Entrego, que ahora es presidente del Tribunal de Cuentas de la Comunidad de Madrid. Nacho Quintana proponía a González entrar en el "Felipe" (FLP, Frente de Liberación Popular), pero él decía que había que hacerse con el PSOE. Yo vivía aquella contradicción porque llegaba a la ejecutiva de CC OO y siempre estaban atacando a Boyer y su economía liberal. "Pero ¿vosotros sabéis qué inflación tiene el país? No hay más remedio", pero en CC OO los análisis eran los del Partido Comunista. Era aquella época en la que se pretendía poco menos que hacer pinza con Suárez».



l El apoyo de Villa. «Estaba a disgusto y me fui de CC OO, pero para entrar en el PSOE había que hacerse de la UGT. Había asumido la responsabilidad de sindicalista, pero lo que me gustaba era la política. No soy un patriotero, pero tengo una idea de España y me importaba mucho la democracia en España. Así que entro en el SOMA-UGT. Era íntimo amigo de Emilio Barbón, pero nunca me había dicho "oye, siéntate aquí, que quiero que entres en el PSOE"; pero estando yo todavía en Comisiones quien realmente me llamó fue Ángel Fernández Villa, y siguió viéndome, y siguió insistiendo. El paso de CC OO al SOMA, para entrar en el PSOE, fue lo más amargo de mi vida sindical, pero quien me ayuda realmente a dar el paso y me apoya es Villa».



l Carné del PSOE y DNI. «Entro en el PSOE en 1983, en la agrupación de Oviedo, y en las elecciones municipales del 1987 voy en la candidatura con Antonio Masip (para su segundo mandato). Fui el portavoz del Grupo Socialista en el Ayuntamiento. Entré con vocación reformista y me encontré con que había un concejal para la Policía Local, otro para Tráfico, y otro para Protección Civil y Bomberos. Así que unifiqué aquello y creé el área de Seguridad Ciudadana. Fue cuando los famosos parquímetros, o la privatización de la recogida de basuras. Hubo personas que me pusieron verde en las asambleas del PSOE, por lo de la «zona azul» y porque no metía a sus hijos en el Ayuntamiento. Decían que allí sólo entraban fascistas en la Policía Local cuando yo presidía los tribunales. Era lo que me faltaba? Allí había que entrar por mérito y capacidad. Un día llega alguien a mi despacho y me echa el carné del PSOE encima de la mesa. Le trato de usted: "Mire, ese carné sirve para la Casa del Pueblo; aquí sólo vale el DNI". Me hice con un enemigo terrible para toda la vida».



l El Oviedo difícil. «Me llevé bien con Antonio Masip, hombre muy peculiar. Le aprecio y le quiero, es muy sentimental. Fui con él una persona leal y transparente, y no me dediqué a hacerle nada por detrás, al contrario: ante la FSA suavizaba las cosas. Y el PSOE de Oviedo, desde que Antonio se fue, ya se ve?, pero se hicieron cosas equivocadas en aquel mandato. Oviedo es muy complicado, incluso dentro del PSOE, y hay que comprender que, políticamente, Asturias no puede ser sin Oviedo. Hay que comprender qué es Oviedo para que funcione el conjunto de Asturias armónicamente».



l Batalla contra Noval. «En el Ayuntamiento estuve dos años y medio, porque me eligieron secretario de organización del PSOE de Asturias, y esto era incompatible con el cargo público, pero en el congreso siguiente, en 1991, los famosos llamados "renovadores" pidieron mi cabeza. Alguien dijo: "Quitándote a ti, le dan una patada en el trasero a Villa". "Mire usted, yo soy del PSOE ante todo, y a mí Villa nunca me dijo haz esto o lo otro, porque le hubiera dicho inmediatamente que no". En aquel congreso de lo que se trataba era de empujar a Luis Martínez Noval, de acabar con él como secretario general. Hubo una batalla capitaneada por un sector de Gijón, por Tini Areces. Tendrían sus razones para hacer ese planteamiento, y es muy democrático hacerlo, pero fue una batalla muy dura contra Noval, que se mantuvo, pero me empujan fuera a mí. No estoy nada dolido. Para mí, Luis Noval es un referente ético y moral dentro del socialismo asturiano. Aprovechaba el tiempo y no lo perdía en demagogia; jamás se rio para que le dieran un voto».



l Renovación en el PSOE. «Pero hay "renovadores" de entonces que ahora siguen ahí, sin ningún empacho, años y años, y habría que preguntarles qué entendían por renovación. Yo me considero uno de los mayores renovadores en el PSOE, y he sido presidente de una gestora en Siero en la que he demostrado que apoyo sinceramente el relevo generacional y que la gente tiene que venir a la política con más formación. La forma de seleccionar a la gente tiene que cambiar radicalmente y no andar con que "como tenemos tantos votos, a este sector hay que darle estos cargos". Hay que ir a las biografías, a gente que esté formada, y a nadie hay que pedirle que jure una fidelidad ideológica químicamente pura, que no existe, pero sí hay que exigir que esté formada y que tenga referentes y principios éticos y morales para actuar en la política».



l Reconversión y «Petromocho». «Dejo la secretaría de organización, pero sigo en la ejecutiva del partido, y paso con Juan Luis Rodríguez-Vigil a la jefatura de su gabinete, en Presidencia del Principado. Nos tocó el período más complicado que pueda encontrarse ningún presidente. "Mira el panorama que tenemos", me dijo cuando nos sentamos. Una manifestación un día sí y otro también, follón en la minería, en la siderurgia, viajes a Madrid permanentemente, a los ministerios, segunda reconversión? Y luego vino el "Petromocho", el fracaso de la petroquímica. Se cometieron errores muy importantes. Vigil se fio mucho del consejero de Industria, Víctor Zapico; se fio totalmente y convocaron una rueda de prensa que nunca se tenía que haber hecho. La prensa nos trató con mucha dureza, pero es verdad que se habían creado unas expectativas muy falsas. Fui testigo de lo que Felipe González le dijo a Vigil. Vino a Asturias el día de la inauguración de Du Pont, durante la campaña electoral de las generales de 1993. "¿Hay algún asunto turbio de comisiones o algo así?", preguntó. "Nada". "Entonces, tú no dimitas". Y Rodríguez-Vigil le replicó: "No conoces Asturias, entre el Parlamento regional y la prensa destrozarían al PSOE. Tengo que dimitir, lo tengo muy claro". Lo tuvo claro desde el primer día, cuando me dijo: "Mira, se acabó mi vida política, pero, por otro lado, voy a estar muy tranquilo y muy libre". Fue muy valiente y muy honesto, no todos actúan así».



l Salir pitando. «Pasé a continuación a ser secretario general de Presidencia con Antonio Trevín. En 1995 perdemos las elecciones y yo ya tenía pensado salir pitando de la política. Podía haber dicho: "Oye, quiero continuar, dadme un puestín", pero me fui para mi casa, a vivir a Hevia (Siero), con mi huerta y mis árboles. Quise retirarme por la minería, por razones sentimentales, y en ese momento me faltaban once días para que, con el coeficiente reductor, cumpliera el equivalente a 65 años de edad laboral. He seguido manteniendo mis amistades con Noval, con Rodriguez-Vigil, y con Trevín, por supuesto, casi fraternal. Les considero amigos de verdad, y a Nacho Quintana, Juan Cueto o Jesús Arango, que también fue del "Felipe". Me retiré de la política cuando consideré que era mi tiempo; hay que hacer por el país, pero no perpetuarse».

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