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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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JESÚS IGLESIAS
PORTAVOZ PARLAMENTARIO DE IU-BA-LOS VERDES
La reforma del Estatuto, la crisis económica y la financiación autonómica son tres temas que hace un año ocupaban nuestro tiempo. Estos mismos temas vuelven a ocuparnos, aunque la situación no sea la misma. Las dos fuerzas mayoritarias manifestaban, el año pasado, sus coincidencias sustanciales en los contenidos de la reforma estatutaria. IU consideraba que el texto pactado no garantizaba a los asturianos el nivel de autogobierno que otras comunidades autónomas habían alcanzado como consecuencia de las reforma de sus respectivos estatutos. Hoy es obligado resaltar que el proceso, felizmente desde nuestra perspectiva, no culminó y que la modificación del Estatuto de autonomía de Asturias aguarda tiempos mejores.
Quizá la esperada sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña -que establecerá las últimas fronteras que, a la luz de la vigente Constitución, delimitan el proceso de descentralización política y administrativa- permita dispersar las interesadas brumas y los inexistentes fantasmas que, como una losa, han lastrado nuestro desarrollo autonómico. Nadie trata de importar un artificial soberanismo, menos contagioso y letal que la sobredimensionada «gripe A», sino de alcanzar algo que ya teníamos que haber logrado hace más de veinte años. Ya lo advertía el que fuera presidente de nuestra comunidad autónoma, Pedro de Silva, cuando afirmaba que habiendo aceptado ir por la vía del artículo 143, ya se tenía que haber producido la reforma de nuestro Estatuto con la asunción de las competencias plenas en 1987.
En relación al sistema de financiación autonómica, si hace un año todos compartíamos la necesidad de que el mismo garantizase a los ciudadanos, viviesen donde viviesen, idénticos servicios y prestaciones con igual esfuerzo fiscal, hoy cerrado el modelo en el Consejo de Política Económica y Fiscal, aunque aún pendiente de su tramitación parlamentaria, reiteramos nuestro alivio por el resultado de la negociación, después de que un largo, tortuoso, desequilibrado y no siempre transparente proceso de elaboración generara temores fundados de que las demandas de alguna comunidad autónoma fueran al final satisfechas a costa de los asturianos. (...) Queda pendiente aún una cuestión importante: la financiación local.
Los ayuntamientos (...) no pueden esperar más, y menos, en la actual coyuntura de caída de ingresos locales. Y aunque los planes dinamizadores de las administraciones central y autonómicas han sido una ayuda en los últimos meses, siguen sin resolver la cuestión de fondo.
En relación con la crisis, el discurso de que siendo ésta financiera e inmobiliaria no nos iba a afectar de forma importante, se ha agotado, porque la crisis ya es también industrial y eso toca todas las terminaciones nerviosas de Asturias. También es cierto que aún de forma no dramática y que el arranque del horno de Veriña es una tan buena noticia como mala fue hace meses que lo apagasen.
El inicio de la crisis fue una buena oportunidad para el análisis de las políticas que la habían causado y parecía que había una mínima voluntad de introducir cambios en la realidad económica y social, abriendo la posibilidad de salir de la situación apuntando a una sociedad más justa. Sin embargo, en este momento, no parece que esa voluntad vaya a traducirse en decisiones políticas. Nada apunta a que se apueste por cambiar las tornas. Desgraciadamente, estamos ante una nueva oportunidad perdida para lograr una sociedad más justa.
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