ARTURO ROMÁN
En los años setenta triunfó en la tele, sólo había una tele, una serie que contaba las peripecias de tres jóvenes recién salidas de la academia de policía. Eran los ángeles de Charlie y el jefe que nunca daba la cara para intriga de la audiencia. El domingo, el presidente del Gobierno acudió a la fiesta minera del SOMA, que cumplía treinta años, acompañado de dos «ángeles»: la ministra Bibiana Aído, quien apenas había empezado la escuela cuando José Ángel Fernández Villa puso en marcha el mitin-romería-acto sindical, y Leire Pajín, secretaria de organización del PSOE. Dos ángeles, dos estilos a la hora de cantar «La Internacional». La Ministra, con una sonrisa como arma, pero paradina, entonó el himno levantando el puño durante el estribillo y un poco (bastante) despistada con la letra. Leire Pajín la cantó a lo heavy, puño en alto, claro, y desmelenándose al final, como si fuera una ranchera. Su jefe, a diferencia de Charlie, dio la cara pero no levantó el puño.