PEDRO DE SILVA
Frases que llegan al relator bajo un sol honrado y suficiente que se queda a la puerta de la piel, para no molestar, mientras observa, en la playa en día festivo, a los bañistas que entran lentamente en una mar plana, protestando el frescor sin mucha convicción, la escollera repleta de figuras de carne perezosa derramadas sobre las grandes piedras, los paseantes llevando la velocidad justa de la suave brisa, para no notarla ni notarse, los niños jugando en tono menor y con un punto secreto de furia, bajo la amenaza ya cercana del cole, el aire aún transparente, o incluso más que nunca, como si nada presintiera, disimulando lo que sabe, que esa paz no tardará mucho en quebrarse, y a sí mismo -al relator- sumido, naufragado, en el pacto general de no agresión: «esa dulce indolencia de septiembre, cuando aún no es otoño, esa entrega desapasionada, esa grata ausencia de ambición».