PEDRO DE SILVA
Que un hombre de gran poder, pague o no de forma directa por sexo, llegue a creerse que es su encanto personal, su llamada de macho o su dotación viril, la que conquista a una mujer, resulta tan patético que enternece. Sin embargo una mayoría de seductores de alto poder económico o político llega a creer, al menos a ratos, que se las llevan por su atractivo personal. Berlusconi es caso especial, se lo cree a tiempo completo y sin resquicio alguno para la duda. Aunque esto no diga mucho a favor de su inteligencia, nos ofrece un ejemplo impagable, por la visibilidad de sus perfiles, del macho crepuscular en tiempos del crepúsculo del macho. Estas caricaturas son las que permiten caracterizar a un tipo de individuo y establecer sus rasgos. Luego, fijado el arquetipo, cada macho crepuscular podrá comprobar, ante el espejo, si es valiente, lo que en él haya del modélico.