PEDRO DE SILVA
Los grandes bancos del mundo ya valen tanto en el mercado como antes del crac. La operación de salvamento, que ha durado un año, ha obligado a los estados a actuar como bancos de sangre para contener la sangría de los bancos de dinero. Ahora los que se han quedado sin sangre son los estados, y comienza la donación forzosa de sangre del contribuyente, para devolverles la salud. Que esto iba a funcionar así ya se sabía, y no hay sorpresa alguna. Lo que sorprende es que, salvo el recordatorio de Obama, no haya noticia de aquellos paquetes de medidas locales y globales para aumentar el control público sobre la banca, a fin de que no vuelva a repetirse la historia, de los que se hablaba a la hora de acordar las ayudas. Una vez concluida la intervención pública, consistente en meterles dinero público a espuertas a los bancos, volverán a protestar de la intervención pública en la economía.