Oviedo, L. Á. VEGA
El agente J. P. S. C, que protagonizó el pasado domingo un tiroteo en el cuartel de Villaviciosa, durante el que tomó como rehén a la comandante del puesto, la sargento Ana Isabel Méndez, sufre un trastorno bipolar y otro de personalidad y alcoholismo, según la documentación presentada ante el Juzgado Togado Militar número 42 de Valladolid, del que es titular la comandante Pilar Prieto de las Heras. La defensa del agente solicitará, a cargo del letrado gijonés Ignacio Manso Platero, en breve su excarcelación debido al cuadro psiquiátrico que presenta.
El agente está ingresado desde el martes en la cárcel militar de Alcalá de Henares, por orden de la comandante Prieto, que ha ordenado que los forenses judiciales le practiquen el correspondiente examen psiquiátrico. La juez togada decidirá a continuación si transfiere el caso a la jurisdicción ordinaria o mantiene al guardia en Alcalá. El Ejército cuenta con un psiquiátrico penitenciario, por lo que, de mantenérsele en prisión provisional, permanecería en la prisión militar.
En su declaración ante la juez togada, J. P. S. C. indicó que no recordaba nada de lo ocurrido en la tarde del domingo, cuando, según la versión dada por la Guardia Civil, se hizo con el arma de un compañero y efectuó hasta siete disparos, uno de los cuales causó una lesión leve a la sargento en un dedo. También reconoció haber bebido ese día, pese a estar medicándose para su trastorno bipolar. La defensa sostendrá casi con toda probabilidad que no es imputable por los hechos ocurridos en el cuartel.
La defensa también sostiene que el agente siempre ha desarrollado su labor con eficacia, aunque en los últimos tiempos su enfermedad ha provocado algunos incidentes. Recientemente tuvo que declarar en relación con los insultos a un teniente de la Guardia Civil, un asunto que se está substanciando en la jurisdicción ordinaria.
El delegado del Gobierno, Antonio Trevín, ha manifestado que, en este incidente, no se han vulnerado los protocolos de seguridad, puesto que el agente se hizo con una arma que estaba en el interior de una taquilla cerrada con llave. En el cuartel, según apunta la asociación UGC, no existe un armero, como ocurre en otras sedes policiales, para que las armas sean guardadas una vez finalizado el servicio.