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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Gijón, J. MORÁN
Pese a que la mayor parte de las fuentes eclesiásticas dan por hecho el nombramiento para la diócesis ovetense del arzobispo Pedro López Quintana, de 58 años, y nuncio de la Santa Sede en la India y Nepal, cierta extrañeza se apoderaba ayer de algunos intérpretes de la actualidad romana y eclesial.
¿Entrará en la diócesis asturiana un arzobispo montado sobre elefantes índicos?, venía a ser la pregunta humorística en clave, y este interrogante enlazaba con otro: ¿por qué llevar a una sede tan difícil como Oviedo a un nuncio procedente de una importante legación apostólica de la Santa Sede y antes «número cuatro» del Vaticano?
López Quintana es juzgado por unos como «muy capaz y campechano, y poco diplomático en ese aspecto». Otros, en cambio, le consideran «diplomático de guante blanco y duro hombre de gobierno», así como «especialista en información del Vaticano». En este último sentido, el periodista Eric Fratinni llegó a definirle con cierta desmesura -en 2005, al publicar el libro «La Santa Alianza. Cinco siglos de Espionaje Vaticano»-, como «jefe del espionaje y contraespionaje del Vaticano».
Sin llegar a tales niveles de intriga, lo cierto es que López Quintana fue de 1998 a 2002 el Asesor para los Asuntos Generales, en la Primera Sección de la Secretaría de Estado del Vaticano. Dicha sección «regula», entre otras tareas, «la función y la actividad de los representantes de la Santa Sede en el mundo», y «atiende a todo lo relativo a las embajadas ante la Santa Sede» (según establece la Constitución Apostólica «Pastor Bonus», de Juan Pablo II, sobre organización de la Curia romana). En consecuencia, por las manos de López Quintana pasaron durante años las informaciones de todos los nuncios de la Santa Sede, así como de los embajadores acreditados en el Vaticano. Suele afirmarse con razón que ningún Estado recibe tanta información y tan directa sobre la situación del mundo como el Vaticano.
Pero a comienzos de 2003, Pedro López Quintana fue nombrado nuncio en la India, un país con 17 millones de católicos, un patriarcado, seis cardenales, 30 archidiócesis, 130 diócesis, 20.000 sacerdotes y 8.600 parroquias. Un país que ocupa el 16.º lugar en número de católicos y cuyo nuncio tiene tarea asegurada, aunque sólo sea por el proceso de selección de obispos, 221 en la actualidad. Unido a ello, la India registra explosiones frecuentes de violencia contra los católicos, circunstancia que urge aún más la actuación de un nuncio.
«López Quintana fue enviado a la India, y a trabajar duro en ella, como lo está haciendo; tienen más prestigio en el escalafón la nunciatura de París, o la de Viena, pero no son tan complejas como ésa», señala un observador eclesiástico. Además de ello, «López Quintana da muestras de estar a gusto allí y con la cultura hindú», dice otro, que agrega: «En una visita a Galicia de hace unos meses no sonreía precisamente cuando le insinuaban que le iban a traer a España».
Por tanto, España y una diócesis dura como la ovetense -con el clero muy dividido, o con tensiones no resueltas tras el flujo y reflujo del Vaticano II- constituye un misterio de destino para un arzobispo prominente. «¿No será un castigo llevarle a Asturias?», se preguntaba ayer con sorna un eclesiástico madrileño. ¿Un castigo proyectado por quién? Mutis. A partir de aquí, entra en juego la interpretación de que López Quintana vuelve a España como miembro de la generación post Rouco, que se jubilará a comienzos de la próxima década.
«Pero la respuesta y el nombramiento no están tan próximos como se dice; al propio Quintana le sienta estos días mal que se dé por hecha su designación para Asturias», asegura otra fuente. «No hay que perder de vista a Omella o a Sanz como candidatos», dice otra.
Los elefantes índicos («Elephas maximus»), los mismos que dieron gloria a Alejandro Magno, esperan indicaciones.
El antiguo arzobispo de Oviedo, y ahora de Valencia, Carlos Osoro fue ayer nombrado hijo adoptivo del Ayuntamiento de Santander en reconocimiento a su trayectoria eclesial en la comunidad vecina, donde ejerció como administrador apostólico, presidente del cabildo de la Catedral y rector del seminario de Monte Corbán. En la imagen, Osoro flanqueado por el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, y el de Santander, Íñigo de la Serna.
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