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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Soto de Luiña, L. Á. VEGA
Soto de Luiña vivió ayer una jornada de malestar y tristeza. Severino Gallego Cernuda, el hombre abatido de cinco tiros por un guardia civil al que estaba atacando con una pala de dientes, era una persona problemática e intratable cuando bebía, según han señalado los vecinos consultados, pero sus familiares y las personas que le conocían consideran que se utilizó una contundencia excesiva para neutralizarle. Otros fueron más allá y no dudaron en calificar su muerte de «abuso» policial. Según fuentes cercanas a la investigación, Gallego recibió hasta cinco impactos de bala, distribuidos en el hombro, el costado y la cadera, y no en el pecho y la pierna como había trascendido el jueves.
Un tenso silencio acompañó la llegada del cadáver desde el cementerio de La Carriona, en Avilés, donde se celebró el velatorio. Los familiares más cercanos de Gallego (estaba separado de su esposa, Esperanza Álvarez, con la que tuvo siete hijos) recibieron el cálido apoyo de las numerosas personas congregadas ante la iglesia. Varios hijos del fallecido prefirieron no hacer declaraciones. Uno de ellos indicó que sólo querían enterrar a su padre y que luego decidirían si emprender acciones legales por las circunstancias en las que se produjo el fallecimiento.
Los comentarios de los presentes no dejaban lugar a dudas. «A tanto asesino que hay suelto no se le hace nada, pero a un hombre de 66 años le meten cinco tiros», se quejó un hombre. Otra mujer señaló que «no se puede consentir este abuso». Alguno manifestó que «tiene que haber otra forma distinta de reducir a un hombre bebido de 66 años que freírlo a tiros». Desde que conocieron los detalles de la autopsia, los familiares cercanos están francamente indignados. Como indicaron a este periódico el pasado jueves, tienen la convicción de que Severino Gallego recibió algún disparo cuando estaba en el suelo.
Los detalles de la autopsia permanecen bajo secreto del sumario por orden de la juez suplente de Pravia, pero han trascendido algunos detalles. Inicialmente se había señalado que Severino recibió tres impactos directos y un cuarto que le rozó, aunque en realidad fueron cinco los balazos sufridos. Por la posición de las heridas de bala, se desprende que el guardia estaba ladeado respecto a Severino Gallego, que previamente había herido en el pecho al agente con la pala de dientes. Una investigación en curso trata de determinar si la actuación del agente, que tiene 29 años y lleva cinco en el cuerpo, fue la adecuada conforme a las circunstancias en que se desarrollaron los hechos.
El agente estaba de patrulla con una guardia en prácticas. Algunos vecinos se preguntaban ayer si la juventud de los agentes no habría contribuido a un desenlace tan trágico.
Severino Gallego había permanecido durante la tarde-noche del miércoles en un restaurante de Oviñana, donde estuvo jugando a la tragaperras, tomó unos vinos y cenó. Cuando se dirigía en su Opel Corsa a Soto de Luiña fue adelantado por un grupo de jóvenes. Se sintió molesto por esta maniobra, que, según dijo luego en el bar del pueblo, había sido realizada a gran velocidad. Fue la excusa para iniciar una agria discusión con los jóvenes.
Según señalarían éstos más tarde a la pareja de la Guardia Civil, Severino comenzó a insultarles y, cuando uno de ellos fue a pedirle explicaciones, Severino sacó una navaja.
Los agentes dieron el alto a Severino en la vieja carretera nacional que atraviesa el pueblo. Allí le pidieron la documentación, pero el hombre, sin salir del coche, y siempre según la versión policial, les arrojó sus papeles y siguió conduciendo hacia su casa en Cepedo.
Hasta allí le siguieron los guardias. La zona estaba bastante oscura en ese momento, pero los guardias vieron cómo el hombre se les enfrentaba violentamente con una pala de dientes. Para neutralizarlo, le pagaron cinco tiros.
No era la primera vez que Severino agredía a un agente, según fuentes cercanas al caso. Además tenía antecedentes por escándalo público y conducción bajo los efectos del alcohol. Sin embargo, sus vecinos recordaron que hace más de veinte años pasó casi dos en la cárcel por apuñalar gravemente a un hombre en Madrid y que estuvo involucrado en el atropello de dos chicas en la glorieta de Soto. Como indicó ayer un vecino, «no le gustaban los de verde, por su etapa de camionero».
Tras el funeral, el cadáver fue conducido al cementerio de Soto de Luiña, donde fue enterrado en el panteón familiar.
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