PEDRO DE SILVA
Jueces conservadores y progresistas del Supremo quieren empapelar a Garzón por haber querido empapelar al franquismo. Puede que Garzón sea desmesurado, egocéntrico y narcisista, y quizás no siempre cuide el detalle procesal, pero es el hombre que puso fin a la farsa del pinochetismo, saldando una cuenta histórica, el que persiguió a los GAL, acabando con una monstruosa perversión del poder, y el que puso en claro lo que en realidad era ETA y cómo había que acosarla. En fin, es también el hombre que planteó a la España biempensante este dilema: ¿quieren juzgar de veras al franquismo o no quieren? La España biempensante dijo «no», pero juzgar ahora a Garzón por haberlo intentado parece una desmesura superior a las suyas. Garzón, no lo olviden los jueces del Supremo, encarna el espíritu desaforado del Quijote, y a un espíritu universal no hay escriba que le empapele.