PEDRO DE SILVA
Aunque haya sido breve el tiempo durante el que nos tratamos, hace ya años, y haga bastantes que no le veía, guardo un recuerdo especial de Antonio López Lamadrid, patrón con su mujer, Beatriz de Moura, de Editorial Tusquets. Es fácil decir que era un caballero, algo muy evidente, pero ¿en qué consiste serlo? Creo que en su caso eran un desdén por el empaque, del que estaba sobrado, y el buen gusto de no abusar del énfasis, como envoltorio de unas convicciones recias, de las que ya quedan pocas, y un real entusiasmo por las cosas. Parecía combinar a la perfección con Beatriz de Moura, que en el equipo ponía el gran olfato literario, aunque el suyo rebosaba poderío. De esas personas con las que una primera oleada de complicidad parece abocarnos a una larga amistad, que luego por lo que sea no avanza, nos queda siempre lo mejor, cuando se van: la expectación de las vísperas.