ALBERTO MENÉNDEZ
Al final no hubo «la lluvia fina de la frustración» que había pronosticado Álvarez Areces, sino toda una tormenta política, de las que dejan heridas que tardan en cicatrizar. El segundo día del debate sobre el estado de la región tuvo de todo menos palabras bonitas. El cara a cara entre el presidente del Principado y el jefe de la oposición, Ovidio Sánchez, fue de los más tensos protagonizados por ambos en la última década.
Si Areces había presentado una Asturias a las puertas de la salida de la crisis, con cielo despejado, Ovidio Sánchez le puso negros nubarrones a esta imagen optimista de la región, además de situarla aún en lo más profundo de la crisis. Dos visiones tan radicalmente opuestas de la realidad del Principado que cualquier observador neutral sólo puede sacar una conclusión: que nadie es sincero, que hay una falta preocupante de objetividad en la política asturiana. ¡Cómo van a poder llegar a algún tipo de acuerdo las dos principales fuerzas políticas asturianas con estas, en ocasiones, descabelladas opiniones encontradas! Ni con crisis ni sin crisis, el acercamiento entre el PSOE y el PP en las actuales circunstancias es, simple y llanamente, una quimera.
Los años no pasan en balde. Álvarez Areces y Ovidio Sánchez se conocen y se aborrecen tanto que ya no lo pueden disimular. Se ve que la antipatía mutua va a más y ayer ambos hicieron todo lo posible para acabar con cualquier atisbo de entendimiento.
A diferencia de ocasiones anteriores, en ésta fue el jefe del Ejecutivo asturiano el que atizó el fuego de las descalificaciones. Ovidio Sánchez, en su primera intervención y fiel a su estilo, en el que la coña juega un papel preponderante, fue lanzando pulla tras pulla al presidente del Principado, dentro de los parámetros habituales. Bueno, quizás fue un poco más allá de lo que en él es normal.
Lo que no se esperaba era la respuesta de Areces, quien arremetió contra el líder del PP asturiano con todas sus fuerzas. Se refirió a las críticas lanzadas contra Sánchez por Álvarez-Cascos y por Gabino de Lorenzo, a las crisis en las que se ha visto inmerso, a su «mala gestión», a sus mentiras y, por supuesto, a «las siete elecciones perdidas por don Ovidio». «Debería estar jubilado de la política desde hace ya mucho tiempo», añadió el presidente del Gobierno, quien acabó aconsejando a los diputados del PP ver la película «Los otros», «en la que todos los protagonistas están muertos y no lo saben».
Estaba cabreado Areces, Ovidio Sánchez se lo echó en cara y lo aprovechó para, tras pedirle tranquilidad, lanzarse él a tumba abierta en un ataque frontal más personal que político. Le llamó viejo, mentiroso compulsivo y milonguista -porque, explicó, sólo hace una política de cuentos y engaños- y dijo que había vuelto de vacaciones sólo para hacerse una foto con Brad Pitt.
Lo saben, pero no está de más insistir en que éste no es el tipo de debates que precisa Asturias.