Luarca, Raquel L. MURIAS
El ternero de Francisco García ya está dado de alta en la Consejería. El viaje para ir a hacer este «papeleo» a Luarca le costó menos de tres euros. Ida y vuelta. Francisco García, que cumple 79 años el próximo mes de marzo, vive en el valle de Paredes, un pueblo del concejo valdesano, y hace uso del transporte escolar para bajar a la villa de vez en cuando. «Si tengo que ir al médico, al mercado o hacer cualquier recado», explica.
El concejo de Valdés lleva décadas compatibilizando el uso del transporte escolar con el transporte de viajeros, algo que ahora se ampliará a todos los concejos de Asturias. La iniciativa es el resultado del acuerdo alcanzado entre el Gobierno regional y el Consorcio de Transportes de Asturias que entró en vigor el 11 de septiembre, coincidiendo con el comienzo del curso escolar. Francisco García asegura que «la línea nos viene bien porque este mismo trayecto en taxi nos cuesta 40 euros y la pensión no da para tanto». Sólo el día de San Timoteo Francisco se da un capricho y llama «al coche, porque hay que bajar hasta la verbena».
El ejemplo de Luarca es la muestra que corrobora que no hay problemas en que los jubilados y los adolescentes compartan asiento. Otra cosa es la conversación; cada uno, a lo suyo. Mientras Francisco echa cuentas de lo que puede sacar su hijo por el ternero, Humberto Rodríguez cavila sobre cómo sacará adelante el curso. «Voy tirando en los estudios», explica el adolescente. Cuando Francisco se apea, Humberto se despide de él, y es que, aunque no hay confianza, son muchos años juntos.
Los miércoles, día de mercado en Luarca, el autobús que hace la ruta desde la capital valdesana hasta Paredes va medio lleno. Al volante, José Manuel Fernández hace recuento de pasajeros y asegura que «no hay problema ninguno entre jóvenes y mayores, todos se respetan», asegura. A las dos y media sale la línea desde Villar, justo delante del instituto, y después baja a la villa para recoger a los que quieran hacer uso del transporte. «Estamos encantados con que vengan aquí a buscarnos, porque siempre llevamos bolsas y paquetes», explica otra pasajera desde atrás que prefiere no salir en la foto.
El viaje arranca tranquilo. No hay música en el bus, debe de ser difícil encontrar una banda sonora que convenza a todos, así que ni Melendi ni Antonio Molina. El trayecto hacia la montaña pasa casi sin darse cuenta. En Carlangas se baja Cecilia Feito, que a sus 81 años hace uso del transporte escolar como una más. Hoy viene cargada porque fue a hacer la compra del mes, así que el conductor le ayuda a bajar los bártulos del coche. Cecilia no sabe lo que cuesta un taxi desde Carlangas a Luarca «porque nunca lo llamo. Si tengo que ir al médico pido la vez para que me coincida con el transporte y listo». Pues eso. En la última semana Cecilia ha tenido que ir varias veces a la villa porque anda mirando cómo solucionar esa sordera que le trae de cabeza y que le hace cada vez más difícil oír el pitido del panadero, pero, como ella dice, «mientras vayamos así, bien vamos», y se despide con sus bolsas, caleya abajo.
Curva va, curva viene, todos los viajeros se van apeando. Humberto aprovecha para conversar con su compañera de asiento y proponerle algún plan para el fin de semana. Y Francisco García se despide del conductor a sabiendas de que en unos días volverán a verse, porque «todavía tengo que volver a bajar a dar de alta otros terneros».
La combinación del transporte escolar con el de viajeros en la zona rural es para los que viven en los pueblos una oportunidad de romper con el aislamiento, algo que les imponen, desde arriba, las brañas y las carreteras, siempre cuesta arriba. Esta idea que empieza a impulsarse en la región ha conseguido que gente como Cecilia y Francisco pueda desplazarse sin tener que hacer malabares para que la pensión llegue a fin de mes. Ya le hubiera gustado a Mari Cruz Boto, que ahora trabaja de cuidadora en esta ruta, «que hubiese esta oportunidad para todo el mundo. Yo tuve que quedarme en casa muchas veces porque no tenía en qué moverme», explica.
El plan del Principado y el Consorcio de Transportes pretende que en 2012 todas las empresas de autocares titulares de las concesiones de las rutas escolares asuman el transporte de viajeros. En el Principado hay más de 900 rutas de transporte escolar y más de cien concesiones regulares.
Cifras detrás de las que hay vidas como las de Francisco y Cecilia, que, con más de 65 años, se adaptan a los horarios del autobús escolar. «Nosotros a la escuela íbamos andando, así que no podemos quejarnos», afirma la vecina de Carlangas. Buen viaje.