PEDRO DE SILVA
Hay adolescentes que tienen claro lo que quieren ser, se preparan para ello y saben cuál es el uniforme para entrar en el club de la gente bien. Otros (vivan o no en Moncloa) no lo tienen tan claro, toman un camino, prueban, se pegan con las paredes, hasta que descubren su línea, o que no la hay. Aunque la apariencia engaña, a veces la ropa es el espejo del alma: la 2.ª clase de jóvenes suele vestir raro (grunge, gótico, punk, etcétera), dejan largas melenas o peinan cresta, y se enganchan un piercing en ceja, labio, lengua o un diente. El piercing es un modo de sujetarse a algo, pues no saben qué hacer con el cuerpo. Las personas mayores, que en general ya han sufrido la castración química que exige el orden filisteo, suelen burlarse de aquellos signos externos, pero esa burla es un desahogo del mortal aburrimiento de mirarse al espejo y ver la estampita con la que les han timado.