Oviedo, L. Á. VEGA
El periodista Enric Juliana (Badalona, 1957), subdirector de «La Vanguardia» y autor del libro «La deriva de España», ofreció ayer en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA su visión de España, que se enfrenta «a una fase compleja en que la situación se va a resolver en base a coaliciones, no sólo políticas, sino de otro tipo más difícil de definir, ya que se conformarán en torno a intereses territoriales, pero también económicos». Juliana, que dirige la delegación del periódico barcelonés en Madrid, aseguró que «este esquema de 17 comunidades es demasiado costoso, por lo que deben hacerse algunas cosas en común». Ésta será una de las grandes discusiones de España en los próximos años. Juliana mantuvo, además, una de las polémicas tesis de «La deriva de España». «El Noroeste es el nuevo Sur, donde confluyen difusamente determinadas características, como el envejecimiento y la disminución de la población», indicó.
Juliana, que es familiar lejano del fundador del astillero del mismo nombre en Gijón (Domingo Juliana, que también participó en la creación de la banca Masaveu y, a su vez, puso en marcha su propio banco), aseguró que desde los años sesenta, esto es, desde desarrollismo, si ha habido alguna continuidad, ésa es «la de la existencia de un eje vertical que atraviesa España, el primer eje articulador del país, que podría definirse como el encadenamiento de las tres excepciones: la excepcionalidad fiscal vasca, la gran singularidad madrileña y la especificidad andaluza».
El periodista se centró sobre esta última para desarrollar el concepto de «sur» que surge con el desarrollo y que es relativamente nuevo. Apoyar a Andalucía, añadió, fue una de las premisas con las que se construyó el consenso de la transición. «Es una de las grandes constantes de la política española, que no se ha sometido a discusión, y la sola idea de ponerlo en cuestión puede resultar antipática», indicó,
Pero he aquí que en los últimos años se ha conformado una realidad que podría definirse como el Noroeste, carcaterizada por la pérdida de población, la dispersión, el envejecimiento y el alejamiento de los ejes de desarrollo del país. Este noroeste puede ser uno de los territorios que en el futuro «puede alzar la mano y decir: "Yo también soy Sur"», y reclamar, por tanto, un trato diferencial, indicó.
Sin embargo, España ya no está en la transición, ya no hay cuestiones intocables, como la solidaridad entre regiones. «Ya que parece posible repensarlo todo, puesto que no hay amenazas, cada uno defiende los suyo», indicó. «Vamos a una situación muy compleja por la crisis, en la que los esquemas que han funcionado tendrán que ser revisados», añadió.
No será fácil. «Hay unas dificultades objetivas para establecer ciertas líneas de consenso», indicó; pero, para Juliana, está claro que «el esquema de 17 autonomías ha funcionado porque se han vivido momentos de crecimiento económico y una etapa virtuosa de la Unión Europea, pero esos factores no volverán a confluir». Con un punto de sorna, Juliana afirmó que «las cosas se han de estropear un poco más para llegar a pactos» sobre un nuevo modelo territorial. Y añadió que «es necesario que se discuta con franqueza acerca de intereses».
La discusión del nuevo modelo de financiación autonómica, indicó, «ha sido resuelta en falso», y volverá a reproducirse en un par de años; pero aunque las cosas «estén muy abiertas, no se va a romper nada», a pesar de que estamos en «un país que tiende a dramatizar, especialmente el mundo madrileño, que teatraliza en forma de falsa tragedia», aseguró. La confusión que prevé Juliana para los próximos meses puede ser «excesiva», pero «España tiene una madurez importante, y si la sensación de riesgo es insoportable, puede darse una mayoría absoluta». Juliana, que fue presentado por el profesor Germán Ojeda, encontró paralelismos entre asturianos y catalanes, a quienes definió como una mezcla de Freud y Maquiavelo. «Asturias fue punta de lanza de la industrialización, pero eso se diluyó de forma traumática, y hay, por tanto, un conflicto entre el yo y el superyo, entre la realidad y la percepción que uno tiene de sí mismo».