Oviedo, L. Á. V. / J. A. A.
Las palabras de elogio de Pedro de Silva a José Ángel Fernández Villa traen a la actualidad una relación que, si en lo personal siempre fue cordial entre ambos, no estuvo exenta de tiras y aflojas entre los años 1983 y 1991, cuando el primero era presidente del Principado y el segundo secretario general del sindicato minero SOMA-FIA-UGT.
Pedro de Silva fue el primer presidente autonómico salido de las urnas en 1983, tras tomar el relevo de Rafael Fernández, presidente preautonómico y primer presidente autonómico después desde la aprobación del Estatuto regional. En aquella época, el sindicato minero tenía una gran influencia sobre la Federación Socialista Asturiana y, en consecuencia, también sobre el Gobierno regional, de color socialista. Se decía entonces que el sindicato minero ponía y quitaba presidentes autonómicos y ejercía un estrecho control sobre las decisiones del Ejecutivo regional.
Con esos antecedentes, la renuncia de Pedro de Silva a seguir en la política también fue objeto de distintas interpretaciones. De Silva siempre manifestó que se había marcado un ciclo político de ocho años, es decir, dos mandatos. En cambio, cuando el Presidente confirmó su intención de no concurrir como candidato a las elecciones autonómicas, algunos de sus más estrechos colaboradores aseguraron que De Silva se iba cansado de tanta influencia del SOMA, el sindicato liderado por Fernández Villa, en la política regional. Después de la marcha de Pedro de Silva, Villa fue uno de los protagonistas del encierro en el pozo Barredo, en Mieres, donde se fraguó el futuro del sector de la minería en Asturias.