PEDRO DE SILVA
Parece que el gran experimento de Obama puede acabar en linchamiento. Es más fácil librarse de los sueños que de las pesadillas. Una pesadilla nos persigue por las noches durante muchos años, a veces toda la vida, sin que seamos capaces de recordar ya su origen. ¿Está el linchamiento de un negro, como rito sacrificial que consagra la superioridad del alma americana, tan blanca, en el código genético de esa nación? El mundo se asombró hace casi un año, cuando USA daba una lección enorme de tolerancia y grandeza; ¿se trataría sólo de una ensoñación, la apoteosis de lo políticamente correcto? Ahora la vieja América blanca ve la ocasión de tomarse la gran revancha de medio siglo de progreso de los negros, algo así como una «vuelta a casa», frase que hace tres cuartos de siglo resumía la resurrección de la vieja Alemania. Temamos más al linchamiento de Obama que a la bomba de los ayatolás.