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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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CUCA ALONSO En la gran fiesta celebrada en los jardines de la Embajada de la República Federal Alemana, en Madrid, tuvo un protagonismo especial Asturias. Así lo manifestó el propio embajador, Wolf Ruthard Born, en las palabras dirigidas a sus numerosos invitados antes de escuchar los dos himnos, español y alemán, que daban inicio a la fiesta.
«Hoy es un día grande para nosotros -dijo el señor Ruthard Born desde la terraza de su residencia-, ya que en esta espléndida tarde madrileña nos reúnen tres motivos. El primero es celebrar el 60.º aniversario de la República Federal de Alemania, así como los veinte años de la caída del muro de Berlín, que aunque se produjo el 9 de noviembre, nosotros hemos adelantado la conmemoración de aquella fecha histórica, en la que Alemania al fin volvía a unirse en un Estado de derecho. En segundo lugar, en nombre del pueblo alemán deseo dar las gracias al jurado de los premios «Príncipe de Asturias» por otorgar a Berlín el premio de la Concordia, y muchas gracias también a la Fundación». Y recordó el embajador el mensaje enviado en 1989 por Felipe González, entonces presidente del Gobierno, a Helmut Kohl y Willy Brandt, felicitándolos por la caída del Muro. «Ambos lo recibieron emocionados. Fue el único presidente que lo hizo». Y añadió Wolf Ruthard Born que, unos días antes, el propio Felipe González había dicho en un programa televisivo que tenía la sensación de que el mundo estaba cambiando y que el caballo de la Historia pasaba al galope ante nosotros. «Felipe González cabalgó bien el caballo de la Historia, y desde entonces Alemania es gran amiga de España; apoyaremos su Presidencia de Europa». De aquella intuición de Felipe González no participa el señor embajador, ya que confesó tener una corazonada: que Madrid iba a ser designada ciudad olímpica para el año 2016.
La tercera causa de la recepción se centraba en su despedida. «Aquí terminan mis años de servicio diplomático. Quiero dar las gracias a España, donde he pasado cuatro años maravillosos. Éste es un gran país en el que me quedaría si pudiera, pero... ¡nadie me quitará lo bailado!», dijo entre el regocijo general. «Ahora escucharemos los dos himnos y después un chotis, si ustedes gustan, en homenaje a Madrid». Fueron momentos muy solemnes, ya que un quinteto de viento de las Fuerzas Armadas Federales fue el encargado de interpretarlos. Varios oficiales de los tres ejércitos de los dos países, invitados, escucharon cuadrados ante las banderas. A partir de ahí se abrió el buffet.
Tanto la Embajada de Alemania como la residencia del embajador ocupan una gran superficie en pleno paseo de la Castellana, delimitada por las calles Fortuny, y Zurbarán. Los hermosos jardines, un auténtico oasis en medio del tráfago de la capital, acogían a casi un millar de invitados, para los que se montó un inteligente dispositivo gastronómico, distribuido por el gran jardín, y en el que alternaban los ingredientes españoles y alemanes. Cerveza, salchichas, el famoso sauerkraut, o col fermentada, papas... Frente a los vinos de La Rioja, los quesos manchegos, el jamón...
Pese a la relevancia de Asturias en la recepción, fueron pocos los asturianos participantes. Javier Vega de Seoane, presidente de Fujitsu y Gerslink; el ex secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Ramón de Miguel, asturiano por su matrimonio con la gijonesa Ana Loring; Beatriz Suárez, esposa de Claudio Boada; Mercedes Elizalde... y nadie de la Fundación Príncipe de Asturias.
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