JAVIER
RODRÍGUEZ MUÑOZ APROXIMACIÓN A LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1934
El historiador Vicente Palacio Atard llamó la atención hace ya bastante tiempo sobre el hecho de que la Revolución de Octubre fue la revolución más anunciada de la España contemporánea. Tal afán de publicidad, destacó Palacio Atard, siembra serias dudas sobre cuáles eran los verdaderos objetivos de los dirigentes socialistas. A ello hay que sumar que nunca se definió públicamente un programa revolucionario en el que se expusieran los objetivos a conseguir.
Un alzamiento revolucionario que se anuncia, con la consiguiente renuncia al factor sorpresa, que dejaba al contrario que pusiera la fecha al movimiento (la entrada de la CEDA en el Gobierno), y que, además, no propone un programa revolucionario concreto, resulta muy sospechoso. Porque, por otra parte, una insurrección revolucionaria requería de una organización y unos instrumentos que no hubo en la medida de las dimensiones que se pretendían. Al respecto, el antiguo militante comunista Enrique Castro Delgado escribió, con gran crudeza, que Largo Caballero «se decidió por no hacer, pero por hacer que hacía la revolución y tomar el pelo a la clase trabajadora».
Algunos de los factores que se señalaron como causas del fracaso de la revolución, en el debate posterior, como la falta de armamento, la inhibición de los anarco-sindicalistas, la debilidad de los dirigentes regionales y la ausencia de preparación militar, no se dieron con igual medida en Asturias, lo que constituye un indudable elemento diferencial. Aunque no tenían muchas, los revolucionarios asturianos, especialmente los socialistas, habían hecho acopio de armas desde un año antes. Los anarco-sindicalistas asturianos fueron partidarios de la Alianza Obrera, con algunos matices, y colaboraron y participaron en la revolución. Los dirigentes obreros asturianos se lanzaron a la lucha desde el primer momento con una total entrega. Ramón González Peña, cuando llegó la orden para desencadenar la revolución, dijo: «La vida la hay que perder; pero con provecho». Por último, las Juventudes Socialistas asturianas llevaron a cabo una cierta preparación militar y constituyeron una de las principales fuerzas de choque en los primeros momentos.
Básicamente, la Revolución de Octubre de 1934 en Asturias se apoyó en las fuerzas del Sindicato Minero Asturiano y en la Alianza Obrera. Y tuvo en el periódico diario «Avance», financiado por el Sindicato Minero, a un constante agitador y mantenedor de la tensión revolucionaria, pese a la persecución gubernamental de que fue objeto. Los mineros, aparte de su total entrega, aportaron a la revolución un elemento que resultó muchas veces determinante: el empleo de la dinamita, de la que dispusieron en cantidad, como arma de guerra. Y en cuanto a la Alianza Obrera, quizá, como ha señalado Paco Ignacio Taibo, más que por lo que aportó debe destacarse por lo que no quitó. La Alianza Obrera evitó los enfrentamientos y luchas que hasta entonces habían sido habituales en el movimiento obrero, con el consiguiente debilitamiento de sus organizaciones.
Nuevos edificios son pasto de las llamas en Oviedo, entre ellos el palacio de la Audiencia l Las tropas del general Bosch, que estaban copadas en Vega del Rey, reciben el refuerzo de dos batallones y algunos víveres l La columna de López Ochoa encuentra fuerte oposición a su avance en La Corredoria l Desembarcan en Gijón la VI Bandera del Tercio y el Regimiento de Cazadores de África, y aterriza en la playa de San Lorenzo un autogiro que transporta al teniente coronel Yagüe.