JAVIER
RODRÍGUEZ MUÑOZ APROXIMACIÓN A LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1934
En la tarde del día 11, la columna que dirigía el general Eduardo López Ochoa consiguió enlazar con las fuerzas del Regimiento N.º 3 de Infantería que estaban encerradas en el cuartel de Pelayo, a las que se habían unido las del cuartel de la Guardia Civil. Su moral era muy baja, hasta el punto de que los jefes habían celebrado ese día y el anterior varias reuniones en las que se había discutido el tema de la rendición, que aunque no con carácter oficial había trascendido a la oficialidad que, según manifestaciones recogidas por el general López Ochoa, no se sentía «mandada ni dirigida». El momento fue altamente emocionante, tras la duda que tuvieron los encerrados sobre si la columna de camiones que se acercaba eran fuerzas amigas o una estratagema de los revolucionarios para tomar el cuartel.
Una vez dentro del cuartel de Pelayo, el general López Ochoa pudo comprobar cómo había allí bastantes más fuerzas de las que contaba su columna, formada en la salida por 360 hombres y que en el camino había ido teniendo bajas. Al amanecer del día 12, López Ochoa reunió en la Sala de Banderas a toda la oficialidad presente y les dirigió «una enérgica arenga», según su propia calificación. Les hizo ver «lo vergonzoso que era para aquella guarnición el haber adoptado una actitud de pasiva defensa, significando asimismo que asumía el mando y mantendría la disciplina más absoluta a todo trance, terminándose desde aquel instante toda confusión o desorden y toda vacilación, bajo las severas medidas que adoptaría inexorablemente como general en jefe en plaza sitiada o bloqueada». Estas palabras están tomadas del libro «Campaña militar de Asturias en octubre de 1934», escrito por el general López Ochoa y publicado en Madrid en 1936.
El fracaso de la revolución en el resto de España permitió al Gobierno realizar sobre Asturias un despliegue militar sin precedentes. Se puede afirmar que cuando éste se completó, eran superiores las fuerzas militares movilizadas por el Gobierno que los efectivos en combate que tenían los revolucionarios. En total operaron en nuestra región 27 batallones de infantería, entre los que se contaban tres Banderas de la Legión, 2 batallones de Cazadores de África y un Tambor de Regulares, unidades todas éstas integradas por soldados profesionales; 5 escuadrones de caballería provistos de ametralladoras; 9 baterías de artillería, con 36 piezas; un batallón de ingenieros y varias compañías de zapadores y pontoneros; 2 grupos de intendencia y 2 de sanidad. En total, unos 17.000 hombres, a los que se sumaron fuerzas de la Guardia Civil y de Asalto, y otras unidades que se desplegaron desde León, al mando del coronel de Estado Mayor Antonio Aranda, para cerrar la posible huida de los revolucionarios hacia León a través de los puertos de montaña.
La ocupación se hizo por medio de columnas que avanzaron desde los cuatro puntos cardinales. Por el Sur, tomando como eje la carretera que desciende de Pajares, lo hicieron una serie de batallones que estuvieron bajo las órdenes del Bosch, que quedó encerrado entre Vega del Rey y Campomanes, y fue finalmente relevado por el general Balmes. Por el Oeste comenzó su progresión la columna del general López Ochoa, que tenía el mando en jefe de todas las fuerzas que actuaban en Asturias, y que era la menos numerosa. Desde Avilés avanzó hasta Posada de Llanera, y continuó por Lugones y La Corredoria, antes de llegar a Oviedo. Por el Norte, en Gijón, desembarcó primero un batallón del Regimiento de Infantería N.º 39, que no pudo pasar de la Venta de Veranes y tuvo que retroceder al punto de partida. También a Gijón llegaron fuerzas de Marina y legionarios y regulares, componiendo una columna de unos dos mil hombres dirigida por el teniente coronel Yagüe. Finalmente, por el Este avanzó el grupo que dirigía el coronel Solchaga, que llegó el 14 de octubre a Infiesto. Desde el aire colaboró en todas las operaciones, sin discriminar sobre dónde bombardeaban, las tres escuadrillas del Grupo N.º 21 de León, reforzadas por otra escuadrilla del Grupo N.º 31 de Getafe y algún otro avión.
Aún así, esta cuantiosa y bien armada masa de maniobra tardó todavía ocho días más en dominar toda Asturias y entrar en las cuencas mineras. Ante esto, ¿alguien se extraña de que los mineros asturianos tuvieran la máxima consideración, admiración y respeto por parte de la clase trabajadora?