Gijón, J. MORÁN
Teodoro López-Cuesta (Oviedo 1921) rememora en esta segunda entrega de sus «Memorias» sus cargos en la Universidad de Oviedo, hasta llegar al rectorado.
l Un justiprecio de Torcuato. «Fui secretario de Extensión Universitaria de 1953 a 1957, por iniciativa de Torcuato Fernández-Miranda, con quien entro en contacto de un modo peculiar. El edificio que tenía mi tío Luis Laredo, un sanatorio psiquiátrico, quiere convertirlo Torcuato en un colegio mayor femenino, el Santa Catalina. Él busca quiénes son los propietarios y le dicen que Luis Laredo Vega y Ángeles López Cuesta, mi tía, y entonces me llama. "No quiero aprovecharme de que Luis Laredo esté condenado en rebeldía y se pueda proceder a la incautación del edificio, sino que quiero pagar a la familia el precio justo". Este era un detalle extraordinario de don Torcuato, que habla de su sentido de la justicia. Me pongo en contacto con mi tía Ángeles, que viene desde México, donde ambos se habían exiliado. Busca la documentación necesaria para la venta y don Torcuato le entrega el justiprecio».
l Un falangista y un liberal. «Torcuato y yo tenemos desde ese momento mucha relación y me encarga que continuemos con los cursos de Extensión Universitaria, en colaboración con los ayuntamientos. Mantengo con él una amistad muy entrañable y sincera, y será testigo de mi boda con María Luisa Fernández García-Carrera. También tengo una relación estrecha con su mujer, Carmen, y con los hijos. Una relación sincera y muy natural. Ambos pertenecíamos a mundos distintos desde el punto de vista político, pero desde el punto de vista humano era distinto. Yo seguía el ejemplo de mi padre: los más importante es ser entrañable con las personas y demostrar las ideas con los hechos. Mi padre lo demostró creando escuelas, haciendo comedores escolares, colonias escolares, dedicándose a los niños como futuro del país. Seguí esa senda y Torcuato y yo jamás hablamos de cosas que no fuesen acordes con nuestro punto de vista académico y con el objetivo de conseguir lo más nobilísimo para la Universidad. Torcuato era hombre de la nueva Falange, los camisas nuevas, y yo me consideraba, y me considero, como un hombre independiente y liberal, muy liberal. Lo demostré además yendo a todos los congresos de los Universitarios Europeos, con don Luis Sela Sampil, y luego con mis hechos y mi actuación. No noté en el ambiente del franquismo de aquellos años ninguna influencia sobre mí. Jamás, desde el punto de vista político, se me invitó a formar parte de nada».
l Persecuciones universitarias. «Nunca me separé de la Universidad y era un profesor muy vinculado sobre todo a Sela Sampil o a Valentín Andrés Álvarez. Fui el único profesor de Economía de España que pudo decir en sus oposiciones que era discípulo de Valentín Andrés Álvarez, quien había sufrido por parte de su maestro, Antonio Flores de Lemus, un cierto apartamiento, ya que por entonces se tendía a que el maestro señalara a su sucesor. Por ello, Valentín Andrés no quiso jamás tener escuela ni designar a quién iba a sacar adelante. Prefería que cada uno fuera por sus méritos y nada más. Flores de Lemus le aleja, pero cuando es postergado políticamente, el único que le va a visitar es Valentín Andrés, que también sufre la misma persecución que posteriormente padecería yo mismo, y por parte de la misma persona, Mariano Sebastián Herrador. Éste lo denuncia como grave y peligroso comunista y a Valentín Andrés le detiene el día que iba a presentarse a las oposiciones de cátedra. Tiempo después, le fue a pedir perdón Sebastián Herrador y le reconoció que, pese a haber visto despejado el camino, él no había sacado tampoco aquellas oposiciones».
l Cátedra desbloqueada. «Y Torcuato es el que saca a oposición la cátedra de Economía en Oviedo, después de 20 años sin oposiciones, desde el 1943, cuando se va a Madrid Valentín Andrés Álvarez. Aquella cátedra no salía porque el profesor de Economía Política era yo, y Torcuato desbloquea un problema y me facilita el camino, aun siendo yo quien era y el hijo de quien era. Hay quien se encasquilla en posiciones políticas absurdas, y no admite nada a los demás porque es contrario a sus ideas. Ese no era el caso de Torcuato y hay que destacar su honestidad. Hay gente buena en las derechas y en las izquierdas, y canallas en ambos lados».
l Camino del rectorado. «Fui secretario de la Facultad de Derecho, decano de ésta y vicerrector de Extensión Universitaria. Llego al rectorado de una manera un poco pintoresca. Virgili, el rector, me ofrece la Secretaría General. En aquel tiempo, yo seguía trabajando también en el Banco Ibérico y me era muy difícil sacar tiempo para dedicarme a la Secretaría, pero le dije a Virgili que había un profesor adecuado, José Caso González, que después fue nombrado rector. En aquellos tiempos, los rectores eran nombrados y yo fui el primero elegido democráticamente, el 15 de julio de 1977, quince días después del nombramiento de Adolfo Suárez como presidente elegido en las elecciones de junio. José Caso había presentado en 1975 su dimisión ante el ministro de Educación y le fue aceptada. Era cuando las protestas de los Profesores No Numerarios (PNN). Yo entonces era vicerrector de Extensión Universitaria, el más antiguo en ese momento, y me hago cargo del rectorado interinamente. Coincidió todo ello con la muerte de Franco y estoy dos años así, en los que no designaban a nadie, hasta que llegaron las elecciones al rectorado».
l Al quite con el Ministerio. «La gestión universitaria me fue fácil, porque una persona que a los 15 años entra como administrativo en una fábrica de mantecas, y luego lleva la gestión de un club de fútbol como el Oviedo, o trabaja en un banco, tiene visión de la gestión económica y administrativa. Tenemos entonces un gerente, José Luis Álvarez Barriada, que fue extraordinario. Montamos una oficina en Madrid de cara a los finales de año, porque cuando se presenta al Ministerio la petición de un crédito y no se cumplen las exigencias, ese crédito se anula y se concede al que tenga preparado un proyecto debidamente documentado y admitido. Pues nosotros abrasábamos. Paco Arance era el director general de Programación e Inversiones y entre Barriada y yo abrasábamos con las ayudas del Ministerio».
l Nueve facultades. «La Universidad de Oviedo tenía entonces tres facultades (Derecho, Ciencias y Letras), la Escuela de Ingenieros de Minas y la Escuela de Medicina, que estaba empezando, con Pérez Casas como decano comisario. El golpe más espectacular fue convertir las tres secciones de las facultades en facultades, y de tres pasamos a nueve. Era una propuesta que le formulé al ministro Federico Mayor Zaragoza, pero tardaba en responder. Yo tenía que tomar posesión como rector y le dije que no me incorporaba mientras no se me admitiera aquello. Por fin, me llamó y dijo que se concedía».
l Conferencia de rectores. «La labor de un rector no se ve solamente en su propio rectorado, sino en cosas que han permanecido. Yo creé la Conferencia de Rectores de la Universidad Española (CRUE), con asistencia en Oviedo de todos los rectores de las universidades del Estado. Había seguido el ejemplo de las universidades alemanas, que me convencieron de que la fuerza había que tenerla gracias a la independencia, porque cuando uno iba a la conferencia de rectores que dirigía el director general del Ministerio, o se seguían las pautas o le condenan a uno sin medios, y se acabó la historia. Había que tener fuerza con independencia, pero unidos, y por eso se crea la CRUE, con lo que se consigue aumento de presupuestos y de medios para la Universidad, la consideración económica para los investigadores, etcétera.
l La Universidad leonesa. «León tenía una Facultad de Veterinaria dependiente del distrito de Oviedo. Valladolid se llevaba todo el Norte, hasta el País Vasco, y León estaba olvidada, aunque había una iniciativa muy grande para conseguir la Universidad. Yo no iba a ponerle puertas al campo y retrasar lo que por la fuerza de las cosas se iba a conseguir. Dediqué esfuerzo hasta crear la Universidad de León y la Caja de Ahorros de León puso 1.000 millones. Me preguntaron qué quería como premio y les pedí el nombramiento de rector honorario y que la bandera de la Universidades de León llevara la Cruz de la Victoria».
n Mañana, martes, tercera y última entrega de las «Memorias» de Teodoro López-Cuesta.