Gijón, M. IGLESIAS
Lo llaman «el hijo del primer milagro del padre Coll», pero responde al nombre de Francisco Valencia Barrientos. Este hombre, de 49 años y natural de Sama de Langreo, nació, tal y como reconoció la Iglesia católica (en el año 1977), por la intermediación de un milagro divino. Su madre, Justa Barrientos, sufrió diversas complicaciones en el parto de su primera hija (diciembre de 1958), que, según los médicos, le provocarían la muerte; sin embargo, tras contemplar una estampa del padre Coll, la mujer «volvió a la vida y a los dos años tuvo un nuevo hijo»: Francisco.
«Su estado era tan crítico que los médicos dijeron que estaba a punto de morir, que fuera preparando su entierro», recuerda ahora su hijo, Francisco Valencia, desde Roma, donde se encuentra con motivo de los actos de canonización del padre Coll. «Un día después de ver la estampa del santo, mi madre se curó inexplicablemente», explica Valencia.
Por aquel entonces, los médicos, desconocedores del motivo que había provocado la recuperación de Justa Barrientos, atribuyeron el hecho a un milagro. «Tenía graves infecciones, era imposible que se salvara y mucho menos que pudiera volver a tener hijos», cuenta Valencia. Pero dos años después Justa tuvo a su hijo Francisco. «Me llamo así en honor al padre Coll», dice el hombre. Aunque todos le conocen como el «hijo del primer milagro del padre Coll».
La historia comienza el 16 de diciembre cuando Justa Barrientos ingresa muy grave en el Sanatorio Adaro (Sama de Langreo); allí los médicos le realizan una cesárea de urgencia y convocan a la familia para prevenirles de un fatal desenlace. No obstante, tras la intervención de una monja, les dicen que Justa se ha curado. El médico encargado de su atención, el doctor José Manuel Antuña, se muestra tan sorprendido ante el hecho que él mismo atribuye la historia a un «milagro».
De esta forma, la monja le hace firmar un papel, que después sería clave en el transcurso del proceso de beatificación entre 1959 y 1964. Tras un segundo milagro, atribuido también al padre Coll, la Iglesia decide proceder a su canonización en un proceso que culminó con la ceremonia de ayer en Roma.