Gijón, J. MORÁN
Su etapa en el rectorado (1975-1984), con complicaciones en Gijón, la relación con Rafael Fernández -presidente del Principado, de 1978 a 1983-, y la creación de los cursos de La Granda son el contenido de esta tercera y última entrega de las «Memorias» de Teodoro López-Cuesta (Oviedo, 1921).
l Los cimientos de una escuela. «Siendo rector, tuve algún lío en Gijón y fui declarado "persona non grata". Pero es que me oponía a que se construyera la Escuela Superior de Ingenieros en los terrenos señalados, porque era una zona pantanosa y no se podía realizar la cimentación suficiente. El tiempo me dio la razón: el edificio fue clausurado en 1996 y ha habido que gastar muchísimo más en reformas. Con todo, mi posición estaba clara, porque concedimos al Ministerio de Trabajo, que entonces tenía la Dirección General de Marina, un terreno en el campus de Gijón que se había segregado de la Universidad Laboral. Ahí se construyó la Escuela Superior de Marina Civil y ahí estaban unos terrenos donde podría haberse construido la de Ingenieros, con mucho menos coste y mejor emplazamiento».
l Una facultad frustrada. «Hubo otra historia en Gijón, con una Facultad de Filosofía y Letras. Gustavo Bueno dijo aquello de que iba a ser una facultad peripatética, porque podían darse las clases paseando con los alumnos por la playa de San Lorenzo. El caso es que para crear esa facultad hubo acuerdos aprobados por la Cátedra, por la sección de Filosofía, por la junta de Facultad de Letras, y luego todo ello pasó a la Junta de Gobierno de la Universidad, que con tales antecedentes hizo lo que se pedía a través de cauces reglamentarios. Se creó la facultad, y después se volvió con todo a Oviedo, de modo que hubo la del demonio y yo me llevé todos los palos. Pese a todo, lo recuerdo con mucho cariño porque le tengo un gran afecto y respeto a Gustavo Bueno y me pareció otra genialidad suya, ya que lo hizo defendiendo la enseñanza, para darle a Gijón acceso a las fuentes del saber. La cosa era de absoluta lógica, pero lo que fue ilógico fue tanta presión para crear la facultad y que luego desapareciera. Quien recibió el bocinazo fui yo y llegué a ser nombrado "persona non grata"».
l Universidad Politécnica. «En Gijón tenía que haberse creado una Universidad Politécnica porque había entonces en el distrito tres escuelas superiores: Marina, Ingenieros y Minas. Podían haberse segregado y haber creado la Politécnica, pero ya no quise yo meterme en más historias y deje las cosas como estaban. Y ahí están ahora luchado con que si Mieres u Oviedo como sede de Minas. La idea de la Politécnica se maneja entonces, pero muy levemente, sin salir al exterior y sin crear ninguna expectativa».
l Salida del rectorado. «En 1984 llega la ley de Reforma Universitaria y me resulta ahora muy doloroso hablar de ello porque fue el inicio de un proceso que acabará justificando la expulsión de profesores eméritos de la Universidad, años después. Menciono a tres que somos lo que somos e hicimos lo que hicimos en la vida académica: el profesor Cachero, Gustavo Bueno y yo. En ese mismo 1984 sucede que yo estaba nombrado por ley como rector, pero se promulga una nueva ley para cancelar los nombramientos de los rectores. Con gran dolor escucho lo que me comenta en ese momento el profesor Germán Ojeda, con quien mantengo gran amistad, acerca de mi posible cese y salida del rectorado, cuando yo aún tenía muchos proyectos en la cabeza. Fui a ver Rafael Fernández con lágrimas en los ojos, y con más lágrimas al ver que él no podía hacer nada».
l Rafael Fernández y la memoria del padre. «He de destacar el enorme afecto que mantuve y mantengo con Rafael Fernández. Él tiene el gesto de que, recién llegado de regreso a Asturias, va a visitarme a mi despacho del Banco Ibérico y me habla del recuerdo que tiene de mi padre, con el cual había trabajado en el Ayuntamiento de Oviedo. Mi padre era concejal del Partido Socialista y Rafael era secretario de las Juventudes Socialistas y tenía en el Ayuntamiento un puesto administrativo relevante. Tenía una amistad entrañable con mi padre, y mi padre le tenía un gran afecto y un gran respeto. Aquel día le dije: "Mire, Rafael, yo soy católico y practicante". "Eso no tiene nada que ver, hijo", me respondió. Tiempo después me dijo: "Prefiero que seas tú el rector, en el cual tengo plena confianza, que no un miembro del partido que se crea subordinado a mí". Recuerdo que una vez, en Gijón, le insultaron gravemente en un acto y yo me adelanté para ponerme a su lado, tal vez para que notase a una persona afecta a su lado. Los insultos venían de grupos radicales. Rafael Fernández debía haber tenido más recorrido político. "No hagas este cambio en este momento", le comenté a Ángel Fernández Villa porque yo pensaba que Rafael era pospuesto en un momento que no era el apropiado. Con Villa he tenido una gran relación personal y afectiva, y creo que es un personaje con un puesto muy relevante en la historia política y social de Asturias».
l Quedarse con la Universidad. «Justo en 1984, el Banco Central absorbe al Banco Ibérico. Yo había permanecido en el Banco Ibérico por una razón: entonces los sueldos universitarios eran los que eran. El día que saqué la cátedra, en 1964, fui a despedirme del banco y me encontré con la sorpresa de que me habían preparado un ascenso muy importante. Cuando la absorción, yo era rector todavía y me preguntan en el Ibérico qué prefiero, si el banco o el rectorado. Me hubiese dado vergüenza personal decir que dejo la Universidad y el rectorado por pertenecer a un grupo bancario. Me quedé con la Universidad, aunque después vino el cese como rector. Pero prefiero haber estado en la Universidad que en un alto cargo de la empresa privada. En el Ibérico había empezado como personal titulado y acabé como subdirector».
l Nace La Granda. «Dejar el rectorado fue luego una historia que me resultó positiva. Yo ya había creado la Fundación de La Granda, que nace por lo siguiente: veía en ocasiones que se hablaba mal de los colegas de Universidad y pensé que hacía falta un foro de reunión que congregara a especialista sobre diferentes temas. Dio unos resultados espléndidos, hasta tal punto que para Severo Ochoa fue una enorme sorpresa lo que se hacía en La Granda. El decía que aquello era su sanatorio espiritual y físico. Hemos tenido contacto con los mejores valores del mundo intelectual, académico e investigador de España».
l Incertidumbre sobre los cursos. «Cuando nace la Fundación de La Granda, hace 31 años, no existían todavía los cursos de verano. No había más que la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, que no tiene color con lo nuestro, porque va un abismo entre tener una cobertura económica en los Presupuestos del Estado, como la de ellos, con los medios que tenemos nosotros y cómo sufrimos para conseguir los medios para La Granda. Me cuesta a veces sangre, sudor y lágrimas conseguir esos medios, y todavía en estos momentos no sé lo que puede pasar con los curso del años que viene y no sé si los va a haber. Sería la 32.ª edición de La Granda».
l Un pilar liberal y un homenaje. «El economista Juan Velarde es en los cursos de La Granda un puntal muy interesante y muy entrañable para mí. También estamos en laderas diferentes, pero jamás tuvimos una discusión ni un planteamiento que no fuera desde el punto de vista de pensamiento y de los ideales. Respetamos los puntos de vista respectivos. Es una persona muy valiosa, excesivamente radical a veces en sus posturas, pero enormemente liberal y él no los sabe y va a morirse sin saber que es un liberal auténtico. Todos los socialistas que han estudiado Economía lo han hecho con Juan Velarde y jamás le puso una sola pega a ninguna persona por sus ideas políticas. Así se ha ganado el respeto de la clase intelectual académica socialista. A Rafael Fernández le entregamos la primera medalla de La Granda, lo cual muestra el sentimiento liberal de Juan Velarde. Una medalla a un socialista y presidente del Principado. Un hombre al cual se le maltrató en Asturias, según mi modo de ver y que se emocionó aquel día, cuando le hicimos el homenaje, que fue humilde, pero sincero y auténtico. Un homenaje que él no esperaba».