Muros de Nalón,
V. DÍAZ PEÑAS
Dolor, pena y tristeza envueltos en llanto. Éstos fueron los sentimientos que afloraron ayer en el entierro de la pequeña Sara V. M., de 3 años y fallecida tras ser golpeada en la cabeza por un coche que su hermano, de 2 años, accionó de manera fortuita y fatal el pasado sábado en el poblado gitano de La Junquera, en San Esteban de Pravia. Decenas de personas asistieron al entierro, celebrado en el cementerio de Muros de Nalón, y dieron muestras de apoyo a los familiares, que no acaban de asimilar la trágica pérdida de su pequeña.
A las once de la mañana de ayer, el cementerio de Muros de Nalón estaba a rebosar de gente. Decenas de vehículos se agolpaban a la entrada del pueblo y cientos de personas esperaban, en silencio y con lágrimas en los ojos, la llegada del féretro de Sara V. M. La mayoría de los presentes era de etnia gitana, al igual que la fallecida. Numerosos vecinos de San Esteban y de Muros que quisieron dar el último adiós a la niña.
La llegada del coche fúnebre, cargado de coronas y ramos de flores, fue uno de los momentos más dolorosos de la mañana. Los asistentes al sepelio se arremolinaron en torno al vehículo. Entonces se sucedieron las muestras de cariño y apoyo a los jóvenes padres, visiblemente afectados. La caja que portaba los restos de Sara V. M. fue transportada por los propios familiares al interior del cementerio. En ese instante, el silencio reinante lo rompieron los gritos desgarradores de una familia rota por el dolor que se preguntaba por qué la tragedia se había cebado con la pequeña Sara.
Hasta el cementerio de Muros se acercaron familiares y amigos de toda la comarca. Aparte de personas de Pravia y Soto del Barco, también había gente de otros núcleos como Avilés. Todos ellos quisieron rendir un homenaje a la pequeña fallecida, escuchando unas palabras de apoyo y rezando antes de dar a Sara su último adiós. Este fue otro de los momentos más duros. Las lágrimas afloraron en muchos de los presentes, que no podían contener su tristeza por ver a una familia amiga hundida y desconsolada.
Y es que, como se comentaba en el cementerio, la muerte muchas veces es incomprensible. Y más si se trata de una niña de 3 años.